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Octavo Mensaje: En la Terraza del Sambil 💃🏽🕺🏽🪇

Amortes22
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Tres meses de puro fuego y chispa llevaban Teresa y José, de esas relaciones donde cada mirada saca la gracia y cualquier rincón discreto se convierte en zona de peligro. Era un atardecer sabroso en…

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TintaYMadrugada

Yo le creí el drama entero a Andrés hasta que Teresa sacó el celular. Me hubiera gustado que la cosa aguantara un rato más, con José oliéndose algo raro en eso de los mensajes a otro número antes de que ella pagara. Con la yapa se arregló todo muy rápido

Yo le creí el drama entero a Andrés hasta que Teresa sacó el celular. Me hubiera gustado que la cosa aguantara un rato más, con José oliéndose algo raro en eso de los mensajes a otro número antes de que ella pagara. Con la yapa se arregló todo muy rápido para mi gusto, y apuesto a que ese Pago Móvil todavía trae cola.

Contenido de la publicación

Tres meses de puro fuego y chispa llevaban Teresa y José, de esas relaciones donde cada mirada saca la gracia y cualquier rincón discreto se convierte en zona de peligro. Era un atardecer sabroso en Caracas y el plan apuntaba a la terraza del Sambil La Candelaria: un par de tragos, brisa fresca y la ciudad iluminándose de fondo. Sin embargo, el verdadero espectáculo empezó mucho antes de llegar arriba, dentro de la cabina del ascensor.

El marcador digital subía número a número mientras el espejo reflejaba una tensión que rozaba lo ilegal. Teresa se acomodaba el vestido con una sonrisa maliciosa, perfectamente consciente de que José la devoraba con la mirada. Él, movido por esa astucia picante que a ella le encantaba, no esperó más. Aprovechando la complicidad del encierro, se le acercó por detrás con sigilo de cazador, le sopló una maldad al oído y, con una precisión quirúrgica, le asestó un pellizco travieso y rotundo en la nalga.

Teresa soltó un chillido ahogado entre risas, devolviéndole un manotazo coqueto mientras el rubor le encendía las mejillas. Se volteó con los ojos brillando de pura provocación, lista para cobrarle la audacia con un beso de esos que quitan el aliento. Pero justo cuando el ambiente rozaba el punto de ebullición, el ascensor sonó con su característico ding al llegar a la terraza.

Las puertas se deslizaron suavemente, listas para enmarcar el remate romántico... pero la realidad les tenía montada una trampa. Parado justo al frente, con un vaso en la mano, unos lentes en la cabeza y cara de quien no rompe un plato, estaba Andrés. El mismísimo Andrés: el rey indiscutible del descarte, el embarcador supremo.

🧟➖—¡Epa! ¡Pero miren a quién me encuentro! —gritó Andrés con una sonrisa de oreja a oreja, rompiendo la tensión erótica con la fuerza de un balonazo—. ¡Qué sorpresa….!

José tuvo que disimular el brinco metiéndose las manos en los bolsillos a toda prisa, mientras Teresa aguantaba la risa apretando los labios para no delatarse. La noche en la terraza apenas prometía empezar, pero el destino ya les había atravesado al inoportuno perfecto para recordarles que en la ciudad nadie se escapa del show.

La sonrisa de Andrés duró exactamente dos segundos. De la nada, la expresión jovial se le desarmó y la cara se le transformó en una máscara de pura indignación. Hinchó el pecho como quien va a cantar las verdades en medio de toda la terraza del Sambil, pasando sin escalas del tono amigable al drama caribeño más intenso.

🧟➖—¡Ah, no, no, no! ¡A mí no me vengas con esa cara de 'yo no fui', Teresa! —estalló Andrés con la voz en cuello, ignorando por completo la presencia de un José que todavía no terminaba de procesar el cambio brusco de guion—. ¡El verdadero embarcado aquí fui yo! ¡Me dejaste toda la mercancía totalmente en frío, chica!

José parpadeó, pasando la mirada de Andrés a Teresa como quien presencia un choque en plena avenida. Teresa, por su parte, abrió los ojos como dos platos, sintiendo cómo el calor picante del pellizco previo se le convertía en un bochorno monumental frente a las personas cercanas.

🧟➖—Seis horas metido en la cocina con el calor de Caracas a millón, fajado —prosiguió Andrés, gesticulando con los brazos como un actor de tragedia griega—. ¿Y para qué? Para que no te diera la gana de responder ni un solo mensaje. ¡Te dejé tres notas de voz y me dejaste en visto! Las galletas recién horneadas, los panecillos de pimientos calientitos y la sangría de parchita que me pediste con tanto ahínco... ¡todo se quedó empacado esperándote! Novedad total: nunca me pagaste ni un solo bolívar.

La gente alrededor comenzó a voltear disimuladamente para no perderse el espectáculo. Andrés, saboreando el papel de víctima de la noche, lanzó el estacazo final cargado de decepción:

🧟➖—Perdí tiempo, perdí real y me tocó comerme yo solo esa bandeja de panecillos para no botarla. De verdad que yo de ti no me esperaba esta bajeza, Teresa. Pensé que eras una persona seria, pero resultó que la verdadera embarcadora sin corazón eras tú.

Teresa intentó articular una excusa mientras tragaba grueso, al tiempo que José, atrapado entre las ganas de defender el honor de su novia, la tentación de soltar la carcajada y la urgencia de pedir una cerveza para digerir el chisme, solo acertó a dar un paso atrás para contemplar cómo el romance ardiente del ascensor se transformaba en una comedia urbana a cielo abierto.

Por dentro, a Teresa se le cayó el alma al piso cuando la memoria le jugó una mala pasada y todo le hizo click. Un frío helado le recorrió la espalda al recordar la tarde del pedido: metida en la prisa del trabajo, le había mandado el comprobante de pago y las indicaciones de entrega a un contacto equivocado, confundiendo el número de Andrés por un solo dígito con el número de José. ¡El pobre chamo no estaba mintiendo!

Sin embargo, como buena caraqueña con cancha y rapidez mental, Teresa no se dejó amilanar por el pánico. Sabía que para salir de semejante embrollo no le servía una disculpa floja; necesitaba una maniobra maestra que salvara su honor, dejará a Andrés satisfecho y le devolviera la paz a la noche.

🙋‍♀️—¡Espera, espera, Andrés! ¡Para el drama un segundo y mírame a los ojos! —soltó Teresa poniéndole una mano en el hombro con un aire de absoluta indignación dramática, sacando el celular como si desenfundara un arma—. ¡A mí no me vas a llamar embarcadora cuando el verdadero culpable aquí es el sistema de comunicaciones, que andaba de viaje jeje!

Con una agilidad digna de cirquero, abrió el chat equivocado y le puso la pantalla a un milímetro de la cara. Andrés pestañeó, ajustándose los lentes, mientras leía la ráfaga de mensajes enviados tres días atrás: "Andrés, te transferí lo de los panecillos y la sangría", "Chamo, ¿ya vienes subiendo?", "Respóndeme que tengo hambre". Todas dirigidas a un número desconocido que jamás respondió.

🙋‍♀️—¿Lo estás viendo con tus propios ojos? —continuó ella con tono triunfal, aprovechando que la rabia de Andrés empezaba a desinflarse ante la evidencia—. Le estuve reclamando a un fantasma toda la tarde pensando que el que me había dejado embarcada eras tú a mí. ¡Imagínate mi frustración!

El remate fue quirúrgico. Sin darle tiempo a nadie de procesar la duda, Teresa abrió la aplicación del banco en dos toques.

🙋‍♀️—Es más, como el error técnico fue de mi agenda, aquí tienes tu Pago Móvil inmediato con la yapa por el susto y la molestia. Y si todavía te queda algo de esa sangría de parchita, nos la traes ya mismo a la terraza, que este par de tres se va a tomar un trago a la salud de las malas jugadas del destino.

Andrés miró la pantalla, escuchó la notificación del banco en su bolsillo y la furia se le evaporó de golpe, reemplazada por una sonrisa aliviada. José, que había pasado de la tensión a la admiración pura ante la destreza de su novia para salir del atajo, solo pudo abrazarla por la cintura, guiñandole un ojo mientras el bochinche de la terraza los recibía finalmente con los brazos abiertos.

Continuará....

Thoughts

  • versoenservilleta

    El ding del ascensor justo antes del beso, me reí sola. Y Andrés esperando con el vaso en la mano, qué timing tan de la vida real.

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  • TintaYMadrugada

    Yo le creí el drama entero a Andrés hasta que Teresa sacó el celular. Me hubiera gustado que la cosa aguantara un rato más, con José oliéndose algo raro en eso de los mensajes a otro número antes de que ella pagara. Con la yapa se arregló todo muy rápido para mi gusto, y apuesto a que ese Pago Móvil todavía trae cola.

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  • NoeliaBastida

    Un solo dígito entre el número de Andrés y el de José. Con cómo arrancó toda esta serie, a Teresa los números equivocados la persiguen.

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  • AlmaCorrea

    Tragarse solito la bandeja de panecillos para no botarla me dio más pena que el grito. Cuando se cae un pedido grande pasa igual, nadie tira lo que hizo con sus manos.

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  • TeoSanabria

    Seis horas de cocina y tres notas de voz en visto. Yo también le armaba el escándalo en la terraza, pobre tipo.

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  • Ovid

    El Pago Móvil con yapa por el susto fue la salida más caraqueña posible: pagar y encima invitar a la sangría. Se nota que Teresa sabe que un chisme en la terraza del Sambil se apaga mejor con plata en la mano que con disculpas, y apuesto a que Andrés se sienta con ellos a la mesa y ya no se despega en toda la noche!

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  • gmedina33

    El pellizco 😂

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