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Séptimo mensaje: Fuego en la Alturas..! ❤️‍🔥

Amortes22
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Habían pasado un par de semanas desde el "incidente" del radiador en la autopista de La Guaira. El carro de José ya estaba reparado, pero la tensión entre ellos seguía con el termostato al límite.…

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   Habían pasado un par de semanas desde el "incidente" del radiador en la autopista de La Guaira. El carro de José  ya estaba reparado, pero la tensión entre ellos seguía con el termostato al límite. Se habían estado viendo, claro, pero el recuerdo de la adrenalina de aquella tarde en el hombrillo los había dejado con ganas de romper las reglas otra vez.

El reloj de la cocina marcaba las 3¾ @m de un jueves que ya olía a viernes.

     José dormía profundamente, pero el tono personalizado de WhatsApp para los mensajes de Teresa, un suave gemido de saxofón que él mismo había configurado para reírse, lo trajo de vuelta al mundo de los vivos en un segundo.  Se frotó los ojos y estiró el brazo. La pantalla brillaba con el descaro de la impunidad nocturna.

🙋‍♀️➖(3:45 AM):   Tengo calor. Mucho calor. El aire acondicionado de mi cuarto no sirve y me acordé de que tu carro ahora enfría buenísimo... ¿Estás muy dormido o me vas a dejar aquí derritiéndome?"

Acompañando al texto, Teresa había enviado una foto. No era explícita, lo que la hacía mil veces más peligrosa: se veía su clavícula húmeda, el tirante de una pijama de satén rosa cayendo levemente por su hombro y de fondo, las sábanas revueltas.

José sintió un corrientazo eléctrico que le quitó el sueño de golpe. Se sentó en la cama, sonriendo como un cómplice de un atraco.

                    💁🏽‍♂️➖3:47 AM):  "A ver, señorita deudora... ¿su aire no sirve o es que tiene ganas de que la grúa tenga que volver a auxiliarnos? Porque te advierto que a esta hora no tengo herramientas en el carro, solo malas intenciones."

🙋‍♀️➖(3:48 AM):"Las malas intenciones me encantan, son mi repuesto favorito. Te espero abajo en 10 minutos. Trae traje de baño... o no traigas nada, total es de noche."

     Teresa Se montó de un salto y, antes de que José pudiera decir "hola", ella lo tomó por la nuca y lo besó. Un beso que sabía a medianoche, a menta y a urgencia.

🙋‍♀️➖— "¿A dónde vamos, chofer?", susurró ella contra sus labios, con la respiración un poco agitada. 

         💁🏽‍♂️➖— "Tú dijiste que tenías calor. Vamos a enfriar ese radiador en un lugar donde nadie nos moleste", respondió José, metiendo primera y acelerando hacia las Mercedes.

     José conocía el edificio de oficinas donde trabajaba un amigo suyo, una torre moderna con una terraza espectacular en el último piso que incluía una piscina de uso exclusivo para los ejecutivos de la empresa. A esa hora, el lugar estaba completamente desierto, custodiado solo por un vigilante mayor que solía quedarse dormido después de la medianoche tras aceptar un buen café y una empanada.

     Estacionaron en los sótanos gracias a la tarjeta de acceso que su amigo le había prestado una vez "para emergencias". Subieron por el ascensor de servicio en silencio, aguantando la risa como un par de adolescentes traviesos.

     Al salir a la terraza, el aire frío de la madrugada caraqueña los recibió, contrastando con la temperatura de sus cuerpos. La piscina reflejaba las luces de la ciudad y el cielo estrellado. Estaba completamente sola para ellos.

🙋‍♀️➖ "José... esto es una locura. Nos van a meter presos", 

dijo Teresa, aunque sus ojos brillaban de emoción mientras se quitaba el suéter gigante, revelando que debajo solo llevaba un bikini negro diminuto. 

💁🏽‍♂️➖ "Si nos atrapan, les digo que eres mi fianza"

contestó él, deshaciéndose de su franela.

Teresa se deslizó en el agua con la gracia de una sirena, soltando un leve jadeo por el frío inicial.

  🙋‍♀️➖"Está helada... ven a calentarme", 

lo desafió, estirando los brazos húmedos hacia él.

     José no se lo pensó dos veces y se lanzó, rompiendo el espejo de agua. Al salir a la superficie, la atrapó por la cintura, pegándola contra la pared de mosaicos de la piscina. La combinación del agua fría de la piscina y el calor ardiente de sus cuerpos al rozarse bajo el agua creó una atmósfera casi mística.

     El eco de sus risas, los besos mojados que bajaban por el cuello de Teresa y las caricias clandestinas bajo el agua se adueñaron de la madrugada.  Allí, flotando sobre la ciudad dormida, con Caracas a sus pies y el peligro de ser descubiertos flotando en el aire, cobraron otra jugosa cuota de intereses acumulados. Cada caricia en el agua se sentía más intensa, cada susurro más prohibido.

     Cuando finalmente salieron de la piscina, temblando de frío pero con el corazón latiendo desbocado, se envolvieron en la única toalla que José había recordado llevar, abrazados con fuerza mientras veían cómo los primeros tonos naranjas del amanecer empezaban a pintar el cielo sobre el cerro El Ávila.

💁🏽‍♂️➖ "Definitivamente... eres la mejor mala idea que he tenido en mi vida, Teresa",

murmuró José, besando su frente húmeda. 

🙋‍♀️➖ "Y todavía me queda mucho crédito disponible, mi amor"

respondió ella con una mirada de absoluta complicidad.

     Regresaron al carro justo cuando la ciudad empezaba a despertar, listos para enfrentar el día de trabajo con cara de cansancio, pero con la satisfacción de haber conquistado la madrugada.

     Menuda escapada! La piscina en la terraza con Caracas de fondo y la adrenalina de colarse en el edificio fue el escenario ideal para continuar el juego  y el amor.

Fin.....

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