¿Qué es un niño sensible en este mundo?
Algo raro, quizás,
una anomalía,
un ser que parece no existir
para la mayoría.
Pero espera…
la verdad es otra.
Un niño sensible
es enseñado a no serlo.
A no ser tomado en cuenta,
a quedarse de lado,
o, mejor dicho,
a dejar sus sentimientos de lado.
—Expresa lo que sientes.
Hazlo.
Y te dejaremos en tu lugar.
He llorado
expresando lo que sentía de niño,
pero siempre estuvo ahí:
una mirada.
Esa mirada de asco
que alguna vez me dieron.
Quise expresar lo que sentía,
pero su respuesta
fue suficiente para encerrarme.
Y los dejé.
Mentira.
Siguen ahí,
atorados en mi garganta,
esperando salir.
Y crecí.
Y llegó el amor.
Un amor
no correspondido.
¿Qué gané con eso?
Nada.
Me oculté todavía más,
pero aun así
quería vivir.
Todavía está en mi memoria
eso que yo provocaba
al decir lo que sentía:
asco,
rechazo.
Quise otra relación.
Cambié.
Pero ya no expresaba
lo que sentía con palabras.
Lo hacía con letras.
Y escribí.
Y a ti,
que leíste mis palabras,
te juro
que las palabras más bellas
que jamás habría escrito
eran para ti.
El poema
de amor más bello
que pude crear.
Y ahí quedó:
solo escrito,
pero nunca leído.
Lo intenté mejorar.
«Ese es el problema…
no le gusto»,
me dije.
Y lo intenté de nuevo.
Pero tú no querías eso de mí.
Y entonces
dejé de intentarlo.
Y en ese momento dije:
Nunca más.
Hasta el día de hoy.
No lo haré más.
No escribiré
otro poema de amor.
Y gracias…
por romper
una parte de mí.