Hay días que no quieren respuestas,
ni planes perfectos, ni prisa al andar;
solo piden ventanas abiertas
y un poco de cielo para contemplar.
Nos enseñaron a contar los minutos,
a convertir cada instante en deber;
como si vivir fuera llenar los segundos
y olvidar simplemente el placer de ser.
Pero existe una belleza escondida
en no hacer nada y dejarse llevar:
una tarde que pasa tranquila y dormida,
una canción que no quieres terminar.
Qué poco sabemos de estar presentes,
de mirar una nube sin quererla atrapar;
de escuchar nuestros propios pensamientos
sin obligarlos siempre a contestar.
A veces el alma también necesita
un día sin metas, sin nada que demostrar;
una pausa pequeña, casi infinita,
para recordar que también sabe descansar.
Quizá la vida no sea una carrera,
ni una lista de cosas por completar;
quizá sea sentarse bajo una primavera
y dejar que el mundo continúe al pasar.
Hay instantes que no producen nada,
no dejan dinero, ni fama, ni honor;
pero pueden devolvernos la calma
que habíamos perdido buscando algo mejor.
Por eso hoy quiero regalarme tiempo,
sin culpa, sin miedo, sin explicación;
dejar que el silencio ordene por dentro
todo aquello que pesa en el corazón.
Y si mañana vuelvo a tener prisa,
recordaré esta pequeña verdad:
no todo momento necesita una conquista,
algunos solo necesitan ser disfrutados en paz.
Porque quizá el lujo más grande de la vida
no sea tenerlo todo ni llegar primero;
sino poder mirar una tarde tranquila
y sentir que, por un instante, no necesito nada más.
— Athena