El estrés, aunque consciente parezca, luce divino.
El techo, aunque sus bordes flaqueen, es resiliente.
Las paredes, aunque sus colores se esfumen, son infinitas.
Las comidas, aunque tarden en venir, son elixires.
El preso contemporáneo, aunque explotado él sea, trabaja con empuje para los suyos.
La benévola dueña, aunque su fatiga la reemplace a ella, libera su amor concentrado.
El aprendiz reprobado, aunque sea grande de cuerpo y pequeño de mente, como un ave aletea.
Los tres, aunque sean países en guerra, son una perla entre un montón de ostras.
Su amor, aunque sea una medida desesperada, es la que los mantiene con vida.
Esto es la familia, quién lo probó lo sabe.