Llorar una emoción que libera el silencio,
prisionero de pensamientos sin respuesta.
Callar una tormenta
gestada durante años,
un imposible final.
La sal te seca el alma
como el amor
cuando se vuelve costra.
Palabras que nadie entiende,
pero a ti te agrietan.
Aún duele.
Aún sangra.
Duele lo que pudo haber sido.
Sangra lo que fue.
Un adiós
que no es adiós.
La tormenta no se disipa.
Los pensamientos no se diluyen.
Y el amor se esfumó,
como si nunca hubiera existido,
como si solo hubiera sido un rito.
Vale Fischer
6/02/2026