Y de pronto, nos alejamos tanto que ya no hizo falta decir adiós para saber que se había acabado.
No hubo una última conversación.
Nadie dijo “esto termina aquí”.
Simplemente dejamos de buscarnos, de contarnos cosas, de intentar encontrar un espacio para el otro.
Al principio pensé que todavía quedaba algo por arreglar.
Que quizá alguno de los dos volvería a escribir.
Que aparecería una razón para retomar lo que habíamos dejado a medias.
Pero los días pasaron.
Y entendí que hay finales que no llegan con una despedida, sino con la ausencia de todo aquello que antes hacía que dos personas se sintieran cerca.
Lo extraño es que una historia puede terminar sin que exista un momento exacto que podamos señalar.
Solo un día miras atrás y te das cuenta de que llevabas tiempo despidiéndote sin saberlo.
Y quizá eso fue lo que pasó con nosotros:
no tuvimos que decir adiós porque, poco a poco, dejamos de encontrarnos. 💜