El beso en la frente al despedirse dice mucho sin decir nada. En «El Arte de desenamorarse», otro texto de este grupo, también quedan las caricias cuando ya no queda lo demás.
Moría por ti…
Pensamiento
El beso en la frente al despedirse dice mucho sin decir nada. En «El Arte de desenamorarse», otro texto de este grupo, también quedan las caricias cuando ya no queda lo demás.
Contenido de la publicación
Te agradezco por terminar lo que fue nuestro. Dios sabía perfectamente que yo no lo haría, no porque me faltara el valor, sino porque lo que sentía por ti nunca fue pasajero. Él sabía que me quedaría esta y un millón de vidas a tu lado, aunque tú me hicieras daño y aunque tu amor consumiera quien soy.
La primera vez que te fuiste, le pedí a Dios que te guardara y que te bendijera, pero, sobre todo, le pedí que uniera nuestros caminos, aunque no fuera mi destino. Le pedí que me juntara contigo cuando tú hubieras sanado y cuando tú hubieras cambiado. Por eso, cuando volviste, sentí que Dios me había escuchado; sentí que fue su señal para mí. Por eso te creí cuando admitiste tus errores, cuando dijiste que habías cambiado y que te habías dado cuenta de lo que perdiste. Por eso creí que haríamos las cosas diferente, ya que te escuché, te perdoné y volvimos a intentarlo.
Pero, claramente, me volviste a fallar. Debo admitir que esta vez no me dolió tanto como la anterior. Aunque te amara, yo sabía que me volverías a fallar, así que, para mí, nunca fue sorpresa. Pero lo que más me dolió fue saber que, cuando me buscaste, me buscaste desde el dolor, la desesperación y la necesidad. No me había dado cuenta de eso. Yo jamás te amé desde la necesidad. Nunca te necesité para elegirte; te elegía porque te amaba, y ahí está la gran diferencia entre nosotros, entre nuestro gran amor. Y la verdad, me duele tanto saber que tú nunca me amaste ni me amarás como yo lo hacía…
Qué ingenua fui… Qué ingenua fui a pensar que cambiarías en estos meses, qué ingenua fui al pensar que ya sabías qué era lo que querías, qué ingenua fui al creer que esta vez sería diferente. Solo puedo decir que ingenua fui, porque no puedo culparte a ti; yo fui la que permitió que se volviera a dar todo esto.
Pero ¿qué hubiera sido si yo no te hubiera permitido entrar a mi vida? ¿Me hubieras buscado otra vez? ¿Me hubieras rogado o hubieras aceptado mi decisión y te hubieras ido? No lo sé… y me dolería la cabeza tan solo pensarlo.
No dudo que nunca me amaste, porque claramente lo hiciste. Lo hiciste a tu manera, lo hiciste… pero no tanto como yo lo hacía. Nuestra forma de amar fue tan diferente, nuestra forma de pensar era totalmente distinta, nuestras creencias no se complementaban y nuestra forma de ser era tan diferente que encajaba.
Aquella última noche, no creí que fuera la última. Creí que encontraríamos solución a nuestros problemas, creí que lucharíamos como te pedí que lo hiciéramos desde el inicio. Te pedí que esta vez los dos decidiéramos las cosas sobre los dos, y te exigí que terminar nunca fuera una opción. Pero esa noche me sorprendió tu gran decisión.
Me dijiste, en palabras cortas: «Ya no te amo».
Y claramente me dolió, porque no sabía que podías dejar de amar de un día para otro. ¿Por qué no hiciste eso antes? ¿Por qué no me dejaste de amar cuando te fuiste la primera vez?
Cuando esas palabras salieron de tu boca, traté de entenderte. Traté de entender qué era lo que yo estaba haciendo mal, pero ahora entiendo que el problema nunca fui yo… El problema siempre fuiste tú; fue tu mentalidad mediocre, de no saber qué era lo que querías, ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Ese día te rogué, te pedí que pensaras bien las cosas, pero tú ya habías tomado una decisión, y esa decisión no era la mía. Me dijiste: «Ya no te amo, ya no me veo contigo ni en esta ni en otra vida».
Yo te dije: «No te entiendo… Déjame volver a conquistarte, déjame volver a enamorarte».
Te pedí que no te fueras, que te quedaras conmigo esa noche, que me abrazaras y que me besaras. Y así fue…
Esa noche sentí por última vez tus labios tocando mi piel, tocando mis pechos, tocando mi cuerpo.Cada caricia me parecía mágica; todavía creía que mi piel podía convencerte de quedarte, aunque tus palabras ya me estuvieran diciendo que te habías ido, pero qué ingenua fui.
Por eso, a la mañana siguiente, te dije: «¿Es en serio que esa fue tu decisión?». Ni dos veces lo pensaste y me dijiste que sí, que ya no te amo.
Entendí que ni los besos, ni las caricias, ni todo lo que todavía podía darte iban a hacerte cambiar de decisión, así que lo más valiente que te dije en ese momento fue: «Está bien, lo entiendo. Solo quiero decirte que no quiero volver a saber nada de ti en mi vida, no porque te odie, sino porque tengo que seguir por mí».
Me dijiste: «Lo entiendo».
Llegó el momento que no había estado esperando durante toda la noche: el momento de despedirnos. Aquel día nunca lo voy a olvidar. Te fuiste, aunque yo te había dicho que no lo hicieras. Me diste un beso en la frente, me persinaste y me dijiste: «Cuídate».
Te abracé, te di un beso y te dije: «Te amo».
No escuché en ti una respuesta a ese «te amo», así que te pedí que me dijeras «te amo», aunque jurabas que ya no lo hacías. Y aceptaste… Me dijiste el «te amo» más sincero que puede escuchar a lo largo de nuestra relación.
Yo sé que me amaste. Quiero creer que todavía lo haces en secreto; que no dejaste de amarme, sino que simplemente dejaste de querer luchar por nosotros.
Sé que nos falta recorrer muchos caminos, cada quien por su lado, cada quien por su rumbo. Nuestros caminos solo tenían que cruzarse, pero no… no eran para recorrerlos juntos.
Yo sé que algún día volverás a buscarme, y espero que ese día llegue pronto, porque ya sé cuál sería mi respuesta ante tu petición de volver a mi vida. Te la adelantaría, pero prefiero que te quedes con la duda.
Yo sé que no encontrarás un amor tan sincero como el que tuviste conmigo, y si algún día encuentras un amor similar al mío, lo único que puedo decirte es que no seas tonto… Valóralo, que es muy difícil tener suerte dos veces.
Quiero que sepas que no te odio. Siempre te voy a desear lo mejor…
Aunque lo mejor siempre fui yo.
Thoughts
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PermalinkEl beso en la frente al despedirse dice mucho sin decir nada. En «El Arte de desenamorarse», otro texto de este grupo, también quedan las caricias cuando ya no queda lo demás.
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PermalinkEsa última línea, nde.
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PermalinkEn la misma línea de despedida escrita, Supongo que eso era todo lo que te tenia que decir, de Lady_Maribel13, agradece un reencuentro breve tras ocho años sin verse.
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PermalinkLo de guardarte la respuesta para el día que vuelva a buscarte, che. Apuesto a que la tenés re clara y que él no la adivina ni en esta ni en otra vida.
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PermalinkLe pediste a Dios que te lo devolviera cambiado, y cuando volvió lo tomaste como la señal. Eso me recuerda a lo difícil que es no ver una respuesta en lo primero que llega cuando uno lleva meses pidiendo algo. Y al final de la carta ya no aparece nadie pidiendo nada: aparece tu última línea, y con esa te quedas tú.
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