Posees un doloroso don para empalagar
Dulces halagos complaciendo mi inocencia
Trucos escondidos que pretendían ocultar
La realidad que callabas ante mi presencia
Bien decía que era falso tu jurar
Terminando de derrumbar mi fantasía y aprovechando mi benevolencia
Y derramo lágrimas de azúcar
Por guardar tierna esperanza en ti
Ninguna acción fue sin pensar o al azar
Tras tu desastre, imploraste repitiendo “que tonto fui”
Aquí la única tonta siempre seré yo al perdonar
Porque sabía que a pesar de todo, volverías como un niño a mí