Mi amor:
Tuve que aceptar un nuevo trabajo en la punta de la península. Llegué en una carroza a la residencia del señor Cara Muerta, quien ha sido asesinado. Apenas logro mantener los ojos abiertos mientras escribo esta carta. Ya son casi cuatro noches sin dormir y el café está por terminar. No sé si la gente me hace bromas o escucho cosas que no existen.
La casa te encantaría. Los rumores eran ciertos: sí tienen objetos mágicos en vitrinas, pero no me dejan acceder a ellos por seguridad. Me gustaría explicarte todo en persona. Los sirvientes no me dejan acceder a una habitación específica junto a la escalera. Cuando paso por allí, no puedo dejar de mirar, como si algo detrás de ella me estuviera observando. ¿Qué crees que haya detrás?
Con respecto al trabajo, debo decir que las sospechas recaen sobre los invitados de la fiesta, pero yo centro mi atención en la presencia de los hermanos Juana y Pich Pallana. Obviamente, no en la princesa de Francia: su amabilidad y su intención de ayudar desde el primer momento son casi tan grandes como su popular obsesión con el color rojo. Sin embargo, se esfuerza en que aparte mis sospechas del expríncipe Pich, aunque su estado de borrachera crónica y el hecho de haber sido el primero en encontrar el cuerpo, serían motivos suficientes para poner punto final a todo esto y volver a casa contigo.
Pero nunca puedo cerrar mi caso con la adorable princesa insistiendo en otra revisión, aunque, admito con los detalles que encuentra, hasta yo puedo dudar por más que el resto sea toda gente de bien.
Vamos a hablar ahora con la mujer del señor Cara Muerta y ojalá terminemos rápido. Y si la princesa por fin deja de evitar la realidad, podré volver muy pronto.
Jov M.P.