El trayecto fue más largo de lo que pensé, o al menos fue así como lo sentí, mi estómago se apretaba por los nervios hasta el punto de creer que iba a vomitar, pero al escuchar tu voz al teléfono cuando te llamé diciendo "estoy afuera" mi ansiedad se fue, reemplazada por la emoción.
Estando parada en la vereda escuché el sonido de unas llaves y fue cuando te vi. Un alivio me invadió, el verte recién salido de la ducha con tu barba de hace casi una semana y los nervios en tus ojos cuando me acerqué, luego el temblor de tu cuerpo contra el mío una vez que te abrace. "Estoy aquí, todo está bien.." susurré junto a tu oído y por lo que me dijiste, fue suficiente para ti, hasta estar en tu sala, los dos uno junto al otro con mi mano sobre la tuya.
Ahora el que estaba nervioso en ese momento eras tú, como si hubiera llegado el momento que alguien ha estado esperando por mucho tiempo, pero no podías mirarme a los ojos jeje, era nuestro primer encuentro después de tantas conversaciones hasta la madrugada... Entonces dije, "cierra los ojos", obedeciste, y mis labios se unieron con los tuyos. Sellando algo que los dos queríamos desde un inicio, dando comienzo a algo que nosotros no buscábamos hasta conocernos, deseando que todos los días desde aquel momento, me beses, me acaricies y me mires con esa intensidad, haciéndome sentir que te pertenezco y tú me perteneces.