No sabía que tenía más valor la libreta que el teclado, o el lápiz que el pensamiento; las palabras que los hechos, o las caricias que el afecto.
Hoy en día todos quieren recibir amor, pero nadie quiere darlo.
Nadie quiere sufrir; todos quieren protegerse. Pero mientras tanto, al otro lado de la vereda, pasa una joven dispuesta a dar amor.
Del lado contrario, pasa un joven dispuesto a hacer lo mismo.
La chica ve al chico y cree que él no daría por ella lo que ella daría por él.
El chico ve a la chica y piensa que ella no haría lo mismo que haría él.
Se ven, se detienen, lo piensan… y se van.
Caminan en línea recta, sin voltear atrás, sin mirar a los lados; y aquello que desean, creen que nunca llegará.
Pero nunca hablaron. Solo se vieron y anticiparon una respuesta: una respuesta que jamás sabrán si era correcta o no.
Ambos tienen miedo: miedo a sentir y a no ser correspondidos.
Miedo al amor.
Miedo a vivir.
— Jorge Guzmán