Sin querer, acabo de tirar una cartuchera sobre la mesa y cayó un papelito de una vieja galleta de la suerte, dice: "la muerte deja un dolor que nadie puede curar, el amor deja un recuerdo que nadie puede robar".
Por unos unos momentos me quedé mirando y contando las lapiceras desparramadas, también pensé en el tiempo que cada día muere, de vez en cuando decido su forma de morir, aprendiendo, sobreviviendo o simple y tristemente dejando que pase, sentir como se va cuesta tiempo en realidad y hasta que me doy cuenta que ya no está y otro tiempo está pasando. Entonces vuelvo a ser consciente de mi respiración y decido que este tiempo muera guardando las lapiceras en la cartuchera.