Que trillado parece contar que nos mudamos cuando cumplí 13, pasar de vivir de la ciudad a un pueblo es super dramático para la adolescencia.
Creo que era la tercera o cuarta noche que pasábamos en el pueblo, el humor en la casa era una mezcla de enojo, aburrimiento e invalidación.
Supongo que todas las adolescentes se sienten así, a parecer es parte del proceso de crecer.
No se qué mes sería (¿está bien usada la palabra?, SERÍA, creo que una palabra que se refiere al futuro, pero este relato es del pasado, en fin), lo que sí sé es que ya había perdido unas semanas desde el comienzo de clases, esa noche fuimos a un evento en la iglesia, uno de los que suele gustarme porque bailan el carnavalito, supongo que estaba enojada por estar en el pueblo y decidí salir a sentarme afuera de la iglesia, a ver la luna quizás.
Al rato llegó una vieja amiga, que después de esa noche no lo fue más. Pero hasta ese momento si lo era, Male. Vaya a saber que conversación interesante estaríamos teniendo, recuerdo ver un grupo de niños jugando cerca de nosotras, recuerdo reír y al mismo tiempo revisar de reojo que no me vieran disfrutar de la noche.
No sé en qué momento llegó Martin hasta nosotras, hace rato que andaba dando vueltas, nos interrumpió y se metió en la conversación. Dejé que lo hiciera porque parecía agradable y lo reconocí de la primera clase que tuve esa mañana.
No hay que confiar en las personas porque parezcan agradables, no sabemos que esconden los ojos, las miradas se pueden fingir, hasta el tono que usamos en las palabras, muchas cosas se aprenden cuando se va creciendo.
Quería conversar de algo conmigo a solas, así que caminamos por la vereda de la iglesia, pero sin alejarnos, Male se dio cuenta que algo iba a suceder y se puso alerta, ¿cómo lo sospechó? ¿Era más chica que yo, que cosas tuvo que ver para que una simple conversación la pusiera en alerta? Y que tan liviana parecía mi vida hasta ese año que todo el mundo parecía amable, creía que nadie tendría suficientes razones para dañar (creo que acabo de encontrar algo bueno de la crianza de mi madre).
Martin pretendía obligarme a que le acepte un beso, nunca había pasado por algo así. Comencé a tener miedo, creo que era miedo, porque de repente la noche comenzó a notarse, me dí cuenta que la luna no alumbraba lo suficiente, una electricidad desconocida nacía desde mi pecho y luché un poco con extraños pensamientos, quería irme, sentí como sus manos sostenían mi brazo derecho, hizo que me diera cuenta que todavía no estaba usando toda su fuerza, y Male fue corriendo a defenderme, fue suficiente un solo empujón y la vi caer.
Yo, yo solamente grité y quise salir corriendo, no hice nada para defenderla, el aire húmedo se sentía tan denso de respirar, la noche era calurosa, pero recuerdo el frío que nos rodeaba en ese momento, y no hice nada, nada más que respirar y querer desaparecer.
El hermano de Malena salió de no se dónde y nos llevó a un lugar seguro.
Unos varios días después repasaba en mi cabeza lo sucedido esa noche; si sentía que Martín era amable, ¿por qué no acepté su beso? Las chicas dijeron que solamente era un beso, y que hice un escándalo, que hacerme la víctima no quedaba con la imagen que tenían de mí.
Otros varios días después me crucé con la madre de Malena y en mi memoria le pedí perdón, pero en realidad no se si eso llegó a suceder, creo que me dijo que estaba bien, que si necesitaba algo le avisara. No volví a verlas.