A veces despierto asustado, como si pudiera ver un futuro que todavía no existe. Como si mi mente, por costumbre, intentara arruinar aquello bonito antes siquiera de que tenga la oportunidad de florecer. Supongo que es una forma de defenderme; el viejo hábito de autosabotearme antes de permitir que alguien llegue demasiado lejos en mi corazón.
Pero entonces apareciste.
Y desde que llegaste a mi vida, algo cambió. Ahora me despierto feliz. Feliz de una manera tranquila, distinta, casi desconocida para mí. Aunque no voy a negar que el miedo sigue ahí, respirándome cerca. Miedo a entregarme por completo. Miedo a abrir todas las puertas de mi y terminar herido. A veces también pienso en la edad, en el tiempo, en todo lo que la gente dice que debería importar… aunque en el fondo sé que solo son números cuando dos personas se encuentran en el momento correcto.
Y aun así, cuando lo miro, deseo profundamente que el tiempo pase. Que algún día pueda observarlo a los ojos y decirle: “Valió la pena”. Valió la pena el miedo, las dudas, las noches de incertidumbre y todas las veces que pensé que el amor quizás ya no era para mí.
Me gusta verlo sonreír ver sus ojos. Descubrir esa mezcla tan suya entre ternura e intensidad, esa forma de ser dulce y travieso al mismo tiempo, pero únicamente conmigo. Hay algo en él que desarma todas mis defensas sin siquiera intentarlo.
No sé qué nos deparará el futuro. Nadie puede saberlo. Pero sí sé reconocer las cosas bonitas cuando empiezan a crecer dentro de mí, y lo que siento por él se siente exactamente así: bonito, sincero y profundamente real.
A veces lo miro a los ojos y me quedo perdido, como si frente a mí estuviera el niño más hermoso del mundo. Y entonces no puedo evitar preguntarme: ¿cómo alguien podría lastimar a una persona tan noble? ¿Cómo podría alguien romper un corazón tan lindo? Yo no podría hacerlo. Ni siquiera podría imaginarme buscando a alguien más cuando lo tengo a él frente a mí.
Porque entendí que la confianza no es un juego. La confianza se construye lentamente, con cuidado, como quien levanta un hogar con las manos desnudas. Y también entendí que no debe sabotearse ni desafiarse, porque cuando una persona pierde la confianza en otra, todo vuelve al inicio… solo que esta vez con menos esperanza.
Por eso quiero darle el amor más bonito que exista dentro de mí. Quiero ser el chico que aparezca con flores sin motivo alguno. El que escriba “quiero verte” aunque solo sean cinco minutos. El que invente excusas absurdas para compartir cualquier lugar con tal de sentir su compañía cerca y pase las noches escribiendole miles de escritos.
Quiero tomarlo de la mano y confirmar, una y otra vez, que no me equivoqué al intentarlo. Que detrás de todos mis miedos sí existía algo capaz de hacerme creer nuevamente.
Quizá vivimos tiempos distintos, rápidos, fríos, donde muchas personas ya no creen en lo genuino. Pero siento que no es casualidad que la vida haya cruzado nuestros caminos. Hay encuentros que llegan con propósito, aunque todavía no sepamos nombrarlo.
Y sería hermoso que el nuestro fuera crecer juntos.
Porque así como a él todavía le faltan muchas cosas por vivir, yo también sigo aprendiendo. Sigo descubriendo quién soy, qué quiero y cómo amar correctamente. Y si voy a recorrer ese camino, me gustaría hacerlo tomado de su mano con él. Entre risas y silencios, entre abrazos y lágrimas, entre días fáciles y otros difíciles… pero siempre desde el respeto, la honestidad y un amor tan puro que nunca tenga que fingir ser otra cosa.