Trátame suavemente, con amor y dulcemente,
que aunque sonrío a diario, no siempre estoy presente,
tengo un alma que se quiebra sin que lo note la gente,
y un corazón que te busca, aunque parezca indiferente.
No me prometas estrellas si no me vas a cuidar,
ni me enseñes a quererte si después te has de marchar,
que bastante me ha costado nuevamente confiar,
para acabar siendo un recuerdo que prefieras olvidar.
Quiéreme sin condiciones, sin temor y sin medida,
no conviertas mis abrazos en otra triste despedida,
que yo solo quiero amarte lo que me reste de vida,
y encontrar entre tus brazos la paz que creí perdida.