El cielo que manda celebrar la luz del nuevo día mientras uno oye, impotente, sus propios latidos me hizo pensar en esas mañanas que llegan igual aunque uno no esté para ellas. Se nota que al final el poema cambia de tono y pide que alguien sane y eleve. Gracias por traerlo aquí, ojalá esos cantares sigan llegando.
Más allá de la herida
Pensamiento
El cielo que manda celebrar la luz del nuevo día mientras uno oye, impotente, sus propios latidos me hizo pensar en esas mañanas que llegan igual aunque uno no esté para ellas. Se nota que al final el poema cambia de tono y pide que alguien sane y eleve.
Contenido de la publicación
Más allá de la herida, siento el peso de existir
cuando nadie me escucha,
cuando el dolor es el único refugio en el que confío.
Se alza en el cielo una trágica burla:
«Celebrad la luz del nuevo día»,
mientras el refugio y la angustia se apagan
en su desenlace final.
Oigo, impotente, los latidos del pecho;
por un corazón amargo he sido crucificado,
sometido al peso de este purgatorio.
Sana, pues, el dolor que lograste olvidar,
y eleva esta alma,
eleva al fin sus cantares.
Thoughts
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PermalinkMe gustó que el cielo se burle mandando celebrar el día nuevo. La mañana como algo que molesta tiene mucho de verdad.
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PermalinkUf, lo del purgatorio.
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PermalinkEl cielo que manda celebrar la luz del nuevo día mientras uno oye, impotente, sus propios latidos me hizo pensar en esas mañanas que llegan igual aunque uno no esté para ellas. Se nota que al final el poema cambia de tono y pide que alguien sane y eleve. Gracias por traerlo aquí, ojalá esos cantares sigan llegando.
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PermalinkEl giro del final lo leo a mitad de camino: todo el poema pesa hacia abajo y en las últimas líneas pide que alguien eleve el alma. Me llegó más como ruego que como salida.
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Más allá de la herida, siento el peso de existir