Alejarse de a quien uno quiere porque duele,
duele la ilusión de verlo y no poder;
duele esperar un sí y recibir un no.
Te desgasta día a día,
como una herida que se abre constantemente.
Por eso es más fácil alejarse sin ilusionarse,
porque las lágrimas ya fueron demasiadas
por cada no,
por cada falta de respuesta.
Estoy cansada de desilusionarme,
mientras la gente opina sin sentir el dolor ajeno.
Duele alejarse,
pero más duele la desilusión continua.
La pequeña esperanza que tenía la perdí
por un cumpleaños al que no fui.
El anhelo de asistir me superaba,
pero ya me cansé de llorar...
Porque no quería solo asistir a un cumpleaños:
quería formar parte de sus días,
quería ver su alegría,
quería escuchar su "Tía".
Pero a veces la vida no es justa.
Sin saber el motivo, dejé de ver tus ojitos brillantes,
dejé de escuchar la dulzura de tu voz,
de responder a tu curiosidad por las pequeñas cosas,
de llevarte de la mano para ir a jugar.
Pero aunque el tiempo pase,
y por más que me distancie, mi cariño nunca se va a terminar.
Y me dijeron: "Debiste ir al cumpleaños",
pero qué fácil es opinar cuando el dolor es ajeno.