Más allá de la herida, siento el peso de existir
cuando nadie me escucha,
cuando el dolor es el único refugio en el que confío.
Se alza en el cielo una trágica burla:
«Celebrad la luz del nuevo día»,
mientras el refugio y la angustia se apagan
en su desenlace final.
Oigo, impotente, los latidos del pecho;
por un corazón amargo he sido crucificado,
sometido al peso de este purgatorio.
Sana, pues, el dolor que lograste olvidar,
y eleva esta alma,
eleva al fin sus cantares.