Luna, tú que todo lo ves,
tú que reinas en el firmamento,
dime cómo olvidarme de ella,
dime cómo la arranco de mi corazón.
Enseñame a apagar esta luz
que aún la busca entre las sombras,
a silenciar el eco de su voz
que todavía en mis noches la nombra.
Tú que presenciaste aquel fuego
nacido en la prisa y el viaje,
dime cómo se limpia el alma
de la huella de su pasaje.
Haz que el tiempo no me pese,
haz que la memoria sea piadosa,
que la noche vuelva a ser noche
y no este vacío que me despoja.
Si fuiste testigo de tanta luz,
sé ahora cómplice de mi olvido,
devuélvele la paz a este pecho
que por amarla quedó perdido.