-¡Baltazar! -llamó al talismán.
Este apareció de inmediato y, estirándose como si despertara de una siesta eterna, dijo: -¡Al fin me invitas en momentos alegres!
Se transformó en un barquito de goma. Minerva se acomodó encima mientras el agua avanzaba, desbordándose por la tierra seca, hidratando cada rincón a su paso.
Su objetivo era claro: la zona norte.
Después de la charla con el GOTL, algo no cerraba. Y cuando las cosas no cerraban, ella iba.
En ese mismo instante, las ancestras nutrían la tierra. Saludaron a Hoja Verde, a Madeja de Pino, y observaron cómo la magia del druida del sur todavía persistía: los enemigos seguían atrapados, caminando en círculos.
-¿Qué hacemos? -preguntó Baltazar-. ¿Nos bajamos o seguimos al norte?
-Al norte -se respondió solo-. Yo iría al norte.
-¡Apurá! -exclamó Minerva, moviendo los brazos sobre el agua-. ¡Tenemos que llegar rápido!
El agua recorrió lo que antes había sido valle y llanura. Se metió por grietas, atravesó huecos profundos, serpenteó entre restos de tierra seca... hasta que, de golpe, cayeron por una cascada.
Minerva saltó sin dudar.
Baltazar cambió en el aire y se convirtió en un Pegaso. Ella montó en pleno descenso.
Sobrevolaron durante un largo trecho hasta divisar un punto seguro. Descendieron en la frontera de la zona norte.
Baltazar olfateó el aire.
-Minerva... huelo a drama.
Ella se agachó, apoyó la mano en el suelo y cerró los ojos. Escuchó.
El silencio decía más de lo que debía.
Se levantó lentamente.
-Ja... -sonrió apenas-. Ilusión.
Miró alrededor. Todo era perfecto. Demasiado perfecto.
-Ese pseudo chamán armó un paraíso falso. Lo que vemos es una pantalla... se alimenta de recuerdos, de anhelos. De lo que queremos ver.
Hizo una pausa.
-Por eso yo veo esto.
Frunció el ceño.
-Ya me pasó antes... -murmuró-. Ese árbol que creí curar... solo lo vi yo. El chamán del sur ni siquiera lo notó. Pensó que estaba cansada.
Suspiró, molesta.
-Vi ilusión... y me la creí.
Se cruzó de brazos.
-Cuando este hechizo se rompa, vamos a ver el verdadero desastre. Como en nuestra tierra.
Miró alrededor con desconfianza.
-Te apuesto lo que quieras: chupa de algún lado... y escupe porquería en otro.
Baltazar estalló en carcajadas. Se tiró al suelo, rojo de tanto reír.
Minerva lo miró... y terminó riéndose también.
El sonido espantó a los supuestos pájaros del lugar.
Caminaron.
Lento.
Minerva, por primera vez, sacó sus lanzas y espadas de mala gana.
-Odio tener que usarlas -dijo.
-Para eso estoy yo -respondió Baltazar, adelantándose-. Para evitarte ese momento.
Ella avanzó detrás, cautelosa.
Después de un largo tramo, divisaron un pueblo.
Había vida.
Gente sonriendo. Conversando. Todo en calma.
Minerva observó la escena como si fuera una película.
Algo no encajaba.
-Ojalá estuvieran las ancestras... -murmuró-. Ellas sabrían. O el chamán... ¿por qué no lo traje?
Se adelantó unos pasos.
-¡Eh, gente del norte!
Todas las sonrisas se giraron hacia ella.
-¿Sabían que en la zona oeste, este y sur no teníamos agua hasta hace poco?
Silencio.
Luego... todo siguió igual.
Risas. Conversaciones. Rutina.
Como si no existiera.
Minerva frunció el ceño. Pateó el suelo.
La tierra tembló levemente.
Volvió a golpear.
Esta vez, algunos cuerpos se tambalearon... pero siguieron sonriendo.
-Ah, bueno... -murmuró.
-¡Se viene una ola gigante de agua! -gritó-. ¡Se van a ahogar si no se mueven!
Nada.
-Bal, andá a buscar al chamán -ordenó-. Esto ya es demasiado.
Baltazar desapareció.
Minerva se quedó observando. Quieta. Tensa.
Cuando volvió, lo hizo acompañado.
-Hola... -dijo ella, sorprendida.
-Ahora una ancestra me está reemplazando... -respondió el chamán, agotado-. Hace días que estamos así... resistiendo. Me estoy quedando dormido.
-Perdón, chamancito... -dijo Minerva, acercándose y tomándole los brazos-. Se nos retrasó todo.
El chamán comenzó a conjurar.
Largo.
Pesado.
Cuando el hechizo se disipó...
El mundo real apareció.
Todo estaba podrido.
La tierra negra. El aire espeso.
Y la gente...
Ya no era gente.
Eran masas blandas, sin forma, arrastrándose como babosas sobre el suelo.
Una de ellas se acercó.
-Minerva... -dijo con voz burbujeante.
Ella lo reconoció.
-GOTL...
-Al fin... -continuó-. Cuando llegamos aquí... nos convertimos en esto... Ayudanos.
Minerva giró hacia el chamán.
-¿Tiene cura?
Él asintió.
Prepararon el caldero entre los tres. Trabajaron rápido.
La poción comenzó a hacer efecto.
Los cuerpos recuperaron forma. Rostros. Manos. Identidad.
Pero el problema era otro.
-No tenemos comida... ni agua... -dijo uno.
-No se preocupen -respondió Minerva-. Está por caer un aguacero terrible. Ya lo escucho. Viene bajando de las montañas.
El suelo comenzó a temblar.
Cada vez más fuerte.
El agua llegó.
La gente corrió, desesperada, formando fila para beber.
Minerva acomodó al chamán sobre una roca.
-¿Estás herido? -preguntó mientras lo revisaba-. Tranquilo... yo me encargo.
Se giró.
-Baltazar, transformate. Necesitamos algo grande. Muy grande.
Baltazar se convirtió en una criatura gigantesca, alada, con forma de depredador antiguo.
La gente comenzó a subir.
-¡Justo a tiempo! -gritó Minerva-. ¡Ahí viene!
El agua arrasó.
Ellos despegaron.
Esperaron en el aire hasta que la corriente se estabilizó y ocupó cada hueco del terreno.
Cuando descendieron, el agua era limpia.
La gente bebía. Se dejaba mojar. Revivía.
El GOTL se acercó.
-Minerva... mis hombres y yo vamos a luchar con vos.
Se giró hacia los demás.
-¡Los que destruyeron estas tierras son los mismos que arrasaron el sur! ¡Debemos pelear!
Minerva sonrió.
-Bien ahí... te armaste una asamblea en minutos. Nosotros llevamos un año intentando.
Rieron.
Pero uno habló:
-Alguien tiene que quedarse a organizar.
-No -cortó Minerva-. No confío en dejar esto en manos de cualquiera.
Miró al grupo.
-¿Dónde está su verdadero chamán del norte?
Un anciano respondió:
-Un mago vino una noche sin luna. Lo sorprendió. Lo hechizó. Está en un castillo... no sabemos si sigue vivo.
Minerva se agarró la cabeza.
-Chamán agotado... traidores... rescate... gente hambrienta... -exhaló-. Dame paz.
Baltazar habló:
-Primero salvemos a esta gente. Después vamos a pelear.
Minerva negó.
-No. Algo me dice que el chamán del norte es prioridad.
Miró al horizonte.
-Si muere... no sabemos qué pasa con el hechizo.
Se giró.
-Llevame.
Volaron hacia el castillo.
Oscuro. Silencioso.
Demasiado.
Minerva descendió con una soga.
-¡Chamán! -gritó-. ¡Chamán!
Nada.
Subió, tomó una antorcha y volvió a bajar.
Lo encontró.
Lo ató.
Lo subió.
Y se fueron.
Cuando regresaron, todos esperaban.
Cargaron a los dos chamanes. A la gente. A todo.
El vuelo fue lento.
Pesado.
Pero firme.
Llegaron al sur.
Zona segura.
Descendieron.
Los chamanes fueron llevados con Hoja Verde y Madeja de Pino.
-¡No hay más tiempo! -dijo Madeja.
-Siempre hay tiempo -respondió Minerva-. Este es el verdadero chamán del norte.
Miró alrededor.
-Estaban hechizados. Ahora tienen hambre. El agua ya llegó.
Los hombres comían desesperados.
El GOTL se acercó.
-¿Plan?
Minerva pensó en voz alta:
-Están agotados. Perdidos en sus mentes. Caminando en círculos... pero creyendo avanzar.
El halcón mágico intervino:
-La mitad duerme.
-Bien -dijo Minerva-. El traidor no.
-También está cansado.
Minerva sonrió de lado.
-Perfecto.
Miró a todos.
-Terminamos esto hoy.
Silencio.
-Cortamos la cabeza del traidor. A los demás... flechas. Cuando el hechizo caiga, van a pelear de verdad.
Comió un último bocado.
Baltazar se paró a su lado.Hombro a hombro.
-Hoy termina -repitió ella.
Todos gritaron.
Minerva levantó la mano.
-Chau, Balti. Recargá.
Lo envió al talismán.
Y la guerra... estaba por empezar.