Capítulo2: Un hogar que parecía seguro. Después de la muerte de nuestra mamá, la vida nos llevó a vivir con nuestra tía. Para nosotros fue un cambio enorme. Veníamos de perder a la persona que más amábamos y de atravesar momentos muy difíciles, pero ella nos abrió las puertas de su casa y nos dio una nueva oportunidad. Mi tía era una mujer trabajadora. Pasaba muchas horas fuera de casa para que no nos faltara nada. A pesar del cansancio, siempre encontraba el tiempo para enseñarnos valores. Nos repetía que estudiáramos, que fuéramos personas de bien, que respetáramos a los demás y que nunca dejáramos de luchar por un futuro mejor. La fe también ocupaba un lugar importante en nuestra vida. Mamá siempre nos había hablado de Dios, y mi tía continuó ese camino. Nos llevaba a la iglesia y nos animaba a hacer la comunión y a crecer con principios que nos ayudaran a enfrentar la vida. Durante esos años no nos faltó comida ni un techo. Nos retaba cuando era necesario, nos exigía buenas notas y quería que aprovecháramos las oportunidades que ella nunca había tenido. Pero la tranquilidad no duró para siempre.
Un día, mi hermano estaba jugando con nuestra prima. En medio del juego ocurrió un accidente y ella recibió un golpe sin intención. Poco después apareció nuestro primo, que estaba bajo los efectos de las drogas. Lleno de furia, comenzó a sacar todas nuestras pertenencias y los arrojaba a la calle.
Esperábamos que alguien nos defendiera, pero el miedo fue más fuerte. Mi tía no hizo nada. Solo nos miró en silencio. En cuestión de minutos, nos habíamos quedado otra vez sin hogar. Cada uno tomó un camino diferente. Yo fui a vivir con mi amigo Juan, quien me recibió como a un hermano. Mi hermano Juan se fue con su amigo Agustín y, tiempo después, Pablo regresó con nuestro papá. Yo no quería volver con él. Nuestra relación siempre había sido muy difícil. Sin embargo, mi papá comenzó a ayudarme con algo de dinero para que pudiera comer y seguir estudiando. Permanecí un tiempo en la casa de mi amigo, pero una discusión hizo que yo también tuviera que irme. Sin muchas opciones,regresé a vivir con mi papá y con mi abuela.
Aunque seguía teniendo problemas, recuerdo que en esa etapa él hizo un esfuerzo por nosotros. Nos compró una bicicleta para que pudiéramos ir a la escuela e intentaba, dentro de sus posibilidades, que no abandonáramos los estudios. Eran pequeños gestos que mostraban que, a su manera, también quería salir adelante. Sin embargo, la vida todavía nos tenía preparada una de las etapas más duras. Cuando nos mudamos a la casa de mi tío, comenzó un período que marcaría profundamente mi adolescencia y cambiaría el rumbo de mi historia. Allí empezaría una de las pruebas más difíciles que tendría que enfrentar.
Volveran a estar unidos estos hermanos con el tiempo?