Me regalaron una frase: “Pero la verdad es que el tiempo es finito, para las metas y los sueños jamás cumplidos”. Pensé como mil veces cómo y dónde usarla. No podía ponerla como las cosas que escribía, porque, al fin y al cabo, no era mía. No podía simplemente vomitar mis pensamientos y esperar que, al menos, a una persona le gustaran.
Hicieron mal en regalármela, jajaja. ¿En qué estaba pensando esa persona? Yo hablo de vampiros y luego de girasoles, ¿eso pega? No, Silvia, no lo hace. Dios, ¿Qué escribo? Dame entendimiento, porque yo soy bruta.
Tengo diecisiete años
y aun así sigo malgastando el tiempo.
Un remolino de emociones
me atropella,
me desequilibra,
pierdo el sentido.
No sé qué hacer.
Está oscuro,
no puedo ver
lo que escribo.
Debería mentirle al mundo
sobre quién soy,
para que dejen de juzgar
microscópicamente
todo lo que hago.
Tanta vida por delante
y lo sigo sobrepensando.
Tanto futuro por delante
y sigo perdida en el camino.
Tengo que escoger bien,
si no, me quedaré vagando,
buscando una dirección
que quizás siempre estuvo
frente a mí.
Porque todos sabemos
que el tiempo es finito,
para las metas
y los sueños
jamás cumplidos.