Verte hoy me apena,
al recordar mi ofensa;
recibo mi condena
en esta culpa densa.
Maté tus ilusiones
y el sueño más puro,
con tantas sinrazones
y un trato tan severo.
Yo fui muy cruel contigo,
tejiendo mil pretextos;
negándote mi abrigo
mientras tú me insistías.
Te vi sufrir a solas
con honda y cruel herida,
y entre terribles olas
te di el mal de mi vida.
Ya no te pido nada,
ni te imploro clemencia;
dejaré que te vayas
donde viva tu risa.
Esto será por siempre
la severa evidencia
que el amor es tan sacro
y de él no soy digno.