Los falsos amigos siempre son los más escondidos.
Elvira
Parte III
El baile
Elvira subió al carruaje, era muy ingenua y creía que todas las personas eran buenas.
El caballero la cogió de la mano.
-Señorita, no nos hemos presentado. Mi nombre es Mateo, duque de Normandía. El rey me mandó que te cuidara y protegiera. Espero no haberla asustado, noble damisela.
Elvira asintió.
- ¿Qué está ocurriendo? Parece que el mundo esté apagado.
Mateo observó, no podía revelar la información que estaba en aquel papel.
-No lo sé, señorita. Supongo que será del agua, dicen que la persona que la bebe empieza a actuar raro.
Elvira empezó a adormecerse, no sabía que cuando estaba subiendo al carruaje, Mateo le había esparcido unos polvos somníferos.
No pudo aguantar más el sueño y se durmió.
Horas más tardes, cuando despertó, escuchó unos ruidos y se dio cuenta que llevaba un vestido de terciopelo rojo. A su lado permanecía Mateo que le susurró:
-Quiero darle la bienvenida a unos de los bailes favoritos del rey. El baile de las máscaras de Versalles. Sorprendida, miro a un lado y a otro, siempre había sido su sueño de niña asistir a ese lugar.
-Muchos hombres esperan casarse, ya serás vos quien decida con quien quedarse. Mucha suerte.
Con esas palabras Mateo desapareció.
Elvira cogió una de las máscaras rojas y plateadas que se encontraban en la cesta y se la colocó.
Entró al gran salón donde se podía observar una variedad de cócteles y todo tipo de manjares que solo la gente adinerada se podía permitir.
En la mesa del fondo se encontraba una familia noble que portaban trajes azules.
En la mesa del otro lado se situaban otro tipo de familia que llevaban una vestimenta roja.
En medio una orquesta tocaba la canción de The Cheek of Night.
Los nobles bailaban, dominaban cada paso.
Ese ritmo era pegadizo.
Ese ritmo le atraía.
Tardó poco en verse bailando con un caballero esa canción.
Pasó de un hombre a otro.
Víctor a lo lejos la observaba.
Le llamaba la atención esa dama.
Su primo Mateo le comentó:
-Primo, has observado que Sara ya no está con Andrés. Ahora es tu oportunidad para conquistarla.
Víctor observó a su amor platónico, Sara, pero negó. No podía quitar la vista de aquella muchacha.
Sus pecas.
Sus andares.
Su sonrisa.
Sus ojos castaños.
La forma en que bailaba era mágico.
- No, Mateo, hoy mi amor ya no pertenece a Sara. Observad, contemplad aquella chica, mis versos, mis poemas se quedan mudos al contemplar esa belleza. Se mueve como si toda la vida hubiera conocido este vals. Desprende dulzura y ternura. La Luna, las estrellas y hasta el Sol quedan deleitados ante tanta hermosura. Mirad, oh primo, has visto como sonríe y ríe, no puedo esperar más, yo quiero ser el motivo de sus alegrías, y su apoyo en las fatalidades. Ojalá coger su mano, y mostrarle al mundo el gran tesoro si ella me eligiera. Decidme, por favor, su nombre, os lo suplico, esta espera me mata, solo quiero estar a su lado y poder contemplarla como si ya mañana no existiera. Dejadme, no me retengáis, dejadme, quiero que esta vez ella se quede y quede enamorada al igual que yo de ella estoy enamorado.
Mateo miró a Víctor y le comentó:
-Se llama Elvira, la he traído yo aquí por orden del rey. Él la quiere eliminar, ya que su familia no posee muy buena reputación. Su madre cayó en una gran depresión tras la muerte de su amante, y ahora intenta asesinar a quien se le cruce. He traído aquí a su hija para protegerla, pero no creo que tarde mucho el rey en encontrarla. No te acerques a ella, ya que no sabemos hasta que punto su madre le ha transmitido el virus de la brujería.
Víctor negó y se acercó despacio a Elvira.
Mateo ante esa situación se quedó observando a Sara.
-Ahora, es mi oportunidad. ¡Oh bella Sara! Te cuidaré y te amaré como mi primo no supo hacerlo.
Mateo se acercó a Sara mientras que Víctor estaba distraído con Elvira.
Víctor cogió la mano de Elvira y empezó a bailar con ella.
Ella dominaba cada paso a la perfección.
Se acercaban y luego se alejaban.
Era un baile perfecto.
Víctor no podía creer estar tan próximo de una dama así.
El baile continúo.
Víctor quiso quitarle la máscara a Elvira, pero ella negó.
La cogió de la mano y se fueron a otra sala.
- Bella dama, por favor, déjame contemplar tu rostro.
Víctor apoyó a Elvira en la pared.
Ella sonrió.
Le llamaba la atención ese muchacho.
Le gustaba su traje azul que portaba.
Le gustaba la dulzura con la que hablaba.
Víctor se acercó a ella y la besó.
Era un beso lento.
Era un beso de otra vida.
Era ese beso que nunca olvidarían.
Era ese beso de adolescencia que se queda en el recuerdo.
Víctor quedó prendado de Elvira.
Elvira, tímida, le miraba con dulzura.
- Si el cielo es esto, déjenme aquí. Ni los ángeles ni nadie podría recompensarme como tenerte aquí a mi lado. Si es un sueño, no me despierten, mas quiero estar siempre contigo.
Confesó Víctor mientras le colocaba con delicadeza uno de sus mechones.
El encapuchado que mató a su madre les observaba desde lejos, estudiaba cada paso y apuntaba en su libreta cada detalle para el día X dar el paso final.
Este hombre era alguien muy cercano al rey.
Este hombre tenía la sangre fría y no le temblaría el pulso si el verdugo le diera el relevo.
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