Pucha, yo apuesto a que el chico sí captaba todo y no se movía por la promesa, cuatro meses cuidando su palabra también cuenta.
La propuesta . Cap 2
Para ese momento, yo ya sabía que esta amistad no iba a poder ser solamente eso.
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Pucha, yo apuesto a que el chico sí captaba todo y no se movía por la promesa, cuatro meses cuidando su palabra también cuenta.
Contenido de la publicación
Para ese momento, yo ya sabía que esta amistad no iba a poder ser solamente eso.
Porque los amigos no se besan, no se buscan con esa mirada. Y fingir que nada estaba pasando era imposible.
"Se puede fingir todo lo que uno quiera, pero las miradas siempre confesarán todo lo que las palabras no hacen."
Y la verdad es que yo ya no quería seguir fingiendo que no me estaba enamorando. Que estaba a punto de romper aquella promesa que un día hice para asegurarme de que aquello no fuera un amor pasajero.Sin embargo, me aterraba que todo fuera un espejismo. Que él solo quisiera jugar conmigo, como lo habían hecho en el pasado.Pero llegó un momento en el que tuve que aceptar que no sabría si era un gilipollas o un patán hasta comprobarlo por mí misma.
Y es que...
realmente me gustaba.
Así que rompí la promesa.Dejé que el corazón mandara y puse al cerebro en silencio.Pero no todo dependía de mí.Yo ya había dicho algo y él parecía dispuesto a cumplir su palabra. Había aceptado la promesa.
Y ahora, ¿cómo demonios le decía que quería ser su novia?
Porque sí, yo le daba indirectas.Pero no eran precisamente indirectas discretas.Primero estaba aquel beso que le robé.Después, le dije que no me molestaría romper la promesa.Y también empecé a responder sus propias indirectas, esas que antes probablemente habría ignorado por miedo a estar entendiendo algo que no era.
Desde mi perspectiva, ya no podía ser más obvio.
Yo prácticamente estaba poniendo un letrero luminoso que decía:
"ME GUSTAS. QUIERO ESTAR CONTIGO. ¿QUÉ MÁS QUIERES QUE HAGA?"
Pero, al parecer, sí podía ser más obvio.
Porque él no hacía nada.Y yo no sabía si realmente no entendía las indirectas, si estaba intentando respetar aquella promesa que habíamos hecho o si simplemente se estaba haciendo el loco.
Así que, después de meses esperando que captara algo que para mí era demasiado evidente, llegué a una conclusión:
NOTA: los manes no captan indirectas discretas.Tienes que decirles las cosas bien claras.Una piensa que las captan, pero se hacen los locos.Pero en serio:
NO CAPTAN.Para aprender esa nota tuve que pasar por algo así.
Y yo soy como mis chinos: loca, impredecible y explosiva.
Así que exploté.
—Oiga... ¿quiere ser mi novio?
Un jueves cualquiera.En un laboratorio escolar.Y, claro, se quedó en shock.Yo también.Porque ni siquiera sé cómo había salido eso de mi boca.
Seamos sinceros: no es precisamente lo más común que una niña se le declare al niño.Normalmente es al revés.Y mucho más donde vivo, donde los estados del norte de México tenemos muy arraigada esa idea de que el niño debe tener la iniciativa. Él debe llegar con flores, planear una cita bonita, llevarte algún detalle...
Lo sé.
Esperar cuatro meses después del primer beso y que todavía no me hubiera pedido ser su novia quizá sí era una red flag.Pero una enamorada no ve esas cosas.O no quiere verlas.Así que ahí estaba yo, preguntándole si quería ser mi novio, después de haber imaginado durante cuatro meses que algún día él me lo preguntaría a mí.
Él se me quedó viendo con una cara de que realmente no podía creerlo.
—¿No quieres?
—No, no. Sí quiero. Solo que no me lo esperaba.
—Ni yo.
Hubo un pequeño silencio.
—¿Y estás segura?
Pues claro que estaba segura.
Llevaba cuatro meses pensando en algo que quería que él hiciera.Quería que me lo pidiera de una manera bonita.Que hubiera un detalle.
Una flor.
Una cita.
Algo que hiciera especial aquel momento.
Cosa que, claramente, solo había pasado en mi cabeza.
Porque no hubo flores.
No hubo mariachis.
No hubo picnic.
No hubo detalle.
Ni siquiera hubo una pregunta de su parte.Solo estábamos ahí.En un laboratorio escolar.Un jueves cualquiera.
Y aun así...sonreímos.Nos dimos un beso.
Y desde ese momento, éramos novios.
Thoughts
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PermalinkYo me quedo con el laboratorio un jueves cualquiera. Las flores que imaginas durante cuatro meses luego ni te acuerdas de ellas.
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PermalinkUna niña del norte de México pidiéndole a él que sea su novio, en un laboratorio y sin mariachis, rompe justo la costumbre que ella misma explica de que el niño debe tener la iniciativa. Me gustó mucho que se lanzara ella, y sospecho que ahora el que va a tener que estar a la altura es él. ¿Vas a publicar la tercera parte de La propuesta?
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PermalinkPucha, yo apuesto a que el chico sí captaba todo y no se movía por la promesa, cuatro meses cuidando su palabra también cuenta.
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