Fue en 2018. A veces se ha vuelto un recuerdo recurrente. La idea nostálgica de poder volver en el tiempo y seguir viviendo de la misma manera. Cuando tenía pensamientos ahogantes y la única manera de sofocarlos era mediante un baile absurdo en la sala. Cuando la mirada de todos quema junto a la idea del rechazo y el juicio, pero siempre había una risa acompañada de un abrazo, una broma y un vídeo para guardar el momento.
Jamás me cuestioné que ese momento sería fugaz, de hecho, imaginé que sería por siempre. Siempre te tendría en mi sala bailando, en mi cama viendo las series que me gustaban, a mi lado leyendo el mismo libro, en mis oídos cantando la misma canción y en mi mente cada que algo se ponía complicado.
Cuando sueño con estos momentos se vuelve difícil, se hace real y es confuso.
Me he vuelto complicada. Ya no bailo, no hay nadie que quiera bailar conmigo. Veo mis series sola, porque no he conseguido a alguien que quiera verlas conmigo. Dejé de leer, porque no sé cómo hacerlo sin tener con quién platicar al respecto. Ya no canto en voz alta, porque nadie quiere ser mi coro. Ahora solo escribo lo que me sucede, porque no tengo a nadie en mente.
Dejarte ir ha sido complicado. En mi cumpleaños pensé mucho en ti y en lo tanto que desearía regresar en el tiempo.
Por eso decidí mandarte una carta, que expresara todo lo que en mi habitaba pero no pude hacerlo. No pude escribirte todo lo que deseaba, todo lo que pensaba porque ¿cómo te haría eso? Fue mi culpa, fui yo la que pensó que podría seguir viviendo mi vida sin ti cuando no ha sido posible. No puedo hacerlo.
Solo me quedó pedirte perdón.
Solo pude hacerte saber que lo sentía mucho, aún cuando en mi cabeza quería decirte que estaba arrepentida, que quería verte, que quería un baile más.
Ahora has dejado de aparecer en mis sueños.
Creo que finalmente te has ido.
¿Qué hago ahora?
Necesito saber.
Si quisiera, de casualidad, platicarte una vez más de esto… ¿me dejarías verte?