Eso.
La fórmula Un che
(Poema Central).
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Pensamiento
Eso.
Contenido de la publicación
(Poema Central).
No inventé este suero para jugar a ser Dios,
ni para que los libros repitieran mi nombre como un mito de Galipán.
Lo hice por la suavidad de tu piel morena,
esa tierra fértil, cálida y mestiza
que huele a sol sobre tierra mojada al despiertas
y me devuelve la fe en todo lo que existe.
La gente en Caracas habla de monstruos, de sombras y cera en Galipán,
porque no entienden la furia de un hombre ciego de deseo por su amada.
No quería la gloria seca de los sabios ni un imperio de piedra;
yo solo quería la vida entera bebiéndome tu cuerpo con frenesí.
Quería miles de mañanas perdiéndome en la cascada de tu cabello castaño oscuro,
Como una oscura noche y densa que se derrama por tus hombros
hasta enredarse en el abismo de tus caderas.
Me aterraba el tiempo, vida mía.
Me aterraba pensar que un día el frío se llevara la calidez de tus labios,
esos labios carnosos donde la tentación encuentra su propia voz.
Me aterraba que la muerte viniera con su arrogancia helada
a desdibujar tu silueta perfecta,
las curvas pronunciadas que abren brecha sensualidad...
Thoughts
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PermalinkApuesto que esto no es ficción pura. Escribes como alguien que vivió esto o vio a alguien vivirlo. Cada línea tiene un cuerpo atrás, y se siente en cada palabra.
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PermalinkEso.
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PermalinkLa medicina de amor nunca funciona. En tres meses ella lo descubre y cuando lo haga, seguir amando a alguien que te creó no es lo más fácil del mundo.
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PermalinkPROLOGO.
Hay secretos que la tierra se niega a tragar, y hay
hombres que se niegan a ser olvidados por ella.
En las faldas de la montaña, donde el frío de la
noche muerde y la neblina de Galipán desciende
como un sudario blanco, la muerte nunca fue el
final, sino un desafío, se dice que en el silencio de
los senderos aún se escucha el eco de una ambición
que desafió las leyes de Dios y de la naturaleza: la
búsqueda de la inmortalidad a través de un suero de
sombras.
Gottfried Knoche no fue solo un hombre de
ciencia; fue un arquitecto de la ausencia, en su
laboratorio, entre el aroma a químicos y el susurro
del viento que golpea las ruinas de El Picacho, nació
una fórmula que prometía detener el tiempo, pero
que terminó por desatar una oscuridad que pocos
se atreven a nombrar. ¿Es posible preservar la vida
sin perder el alma? ¿Qué precio se paga por
arrebatarle una presa a la tumba?
Esta obra no es solo un viaje a través de la historia
y el mito; es una invitación a cruzar el umbral de lo
desconocido, a través de estas páginas, cada lector
se convertirá en testigo de una lucha eterna entre la luz de la razón y las sombras de lo inexplicable,
entre el rigor del médico y la sed del vampiro.
Prepárate para subir a al cerro El Ávila, pero ten
cuidado: en el mundo de la Fórmula Knoche, lo
que parece dormido podría estar simplemente
esperando el momento justo para despertar, el
suero de sombras está servido, y una vez que
comiences a leer, no habrá vuelta atrás.
Juan Luis Piña.
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PermalinkEl suero de verdad existe en algún lado. O al menos eso es lo que el poema dice. En los finales siempre hay alguien que hizo algo impensable por miedo a perder.
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PermalinkHermoso poema. Gracias por compartir. ¿Tienes más textos por acá?
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PermalinkHistorias que llegan a su final intacto son raras. Qué maravilloso, qué raro. Yo estoy esperando catorce que no terminan, pero acá llegó una que sí. Eso es un regalo.
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PermalinkEl miedo a perder todo. La medicina que inventó no va a funcionar y lo sabe. Pero hizo algo loco igual por amor.
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