Dame la anuencia para apreciar tus labios.
El anverso de los libros son tus pestañas, que se abren para brindar un sinfín de conocimiento.
El anzuelo que me engancha es la labia que atrapa al salir de tus palabras. Tu paladar se escalda de tanta habla y habla. Habla el corazón; responde a tan solo una mirada.
La luz que apenas se percibe, esa tenue chispa cálida, amarillenta y de apariencia tan nostálgica, poco alumbra, ¡pero es tan necesaria!
Estetas apreciando con bolígrafos en mano, pendientes de los rayos detrás de los cristales: destello que rara vez emana energía, pero que casi siempre da material para escribir.
Culto a la belleza: cautívense en el yin-yang. Qué serio es el oleaje; observa con tanta indiferencia, está lleno de misterio, un misterio que se inclina hacia el enigma, incapaz de descifrarse, incapaz de percibirse.
Aprendí de memoria la geografía de tu cuerpo; puedo incluso pictografiarte sin imaginarte… ¿puedo agradecerte por el material tan constante?
El tic-tac de lado a lado, ¡qué yin-yang! ¡El apreciado dado! La sorpresa… el enigma he descifrado; la realeza: hoy sé que me la he encontrado.
— Jorge Guzmán