De cualquier forma, de donde lo quieras ver, no podrás nunca descifrar siquiera la razón de mi escribir, siquiera la razón de mi sentir, siquiera la razón de mi vivir.
Yo no soy un poeta que aprecia la belleza ajena; yo aprecio la belleza que conozco, con la que he interactuado. No podría escribirle a una cualquiera, porque eso sería mentirme a mí mismo; podría estar equivocándome al decir cosas hermosas de alguien con quien no he parlado. ¡Puaf! Qué asco me ha dado el simple hecho de pensarlo…
Yo escribo a la belleza cierta, la que me consta y me conquista, la que me gusta, la que admiro, la que me tiene convencido, la que, emocionado, escribo.
¿De qué forma apreciaría o de qué forma se valoraría mi poesía… si yo le escribiera a todas las que miro por el día?
Vamos, no te engañes: mi poesía lo es todo para mí. No le escribiré a cualquiera, solo te escribiré a ti.
Si escribo sobre ideas, sueños o inspiraciones, son solo superaciones, son solo conspiraciónes. Los renglones en ti pensados son poemas practicados, para, al mirarte, saber qué es estar enamorado.
Bla-bla-bla, no podría parar de explicar que mi poesía no es tan sencilla como parece. Realmente, si así lo crees, vuelve al principio de este escrito. Léelo detalladamente. Sencillamente, no es mi mente.
¡Descifra, pues, tú, mágica mujer! Sé que puedes hacerlo; es fácil de convencer… a tus ojos superiores, que pueden creer que esta lectura es basura, que teóricamente no tienen habla y prácticamente nunca comprendieron nada.
Regresa, pues, al principio del principio. El principio del principio es el primer poema escrito. Regresa y entenderás lo que aprecio de ti; regresa al comienzo y no malinterpretarás ningún poema más.
Un poema… ¡Wow!… Qué estupidez. Eso es lo mínimo que te mereces. Me pregunto si habrás olvidado el principio. ¿Cuánto no tardé en decirlo? ¿Cuánto no tardé en mostrarlo?
Pareciera que es sencillo, pero es complejo; más lo es mostrarte lo que siento y pienso.
No puedes descifrarme… El enigma inapreciable; no puedes comprenderlo, porque ni siquiera yo comprendo lo que escribo, ni siquiera yo he comprendido la razón por la que vivo… ¿Es por el amor? ¿O es por el miedo que le tengo a la muerte?
¡Qué lucha constante! Definitivamente este no es el principio.
— Jorge Guzmán