No ocultes tu brillo entre las ramas; deja que te aprecie para poder describirte.
No te ocultes, no es necesario que lo hagas conmigo, no te escondas, pues pronto lograré descifrarte.
Y no me importará si es que no te soy suficiente, si te soy insignificante; ya no, ya no es preocupante para mí.
Me hace daño, solo de pensar que me estás enamorando; me rehúso, me niego a creerlo.
Después de tanto tiempo de negarme a mí mismo, estoy entre la palabra y la pared.
He comprendido que tal vez sea una falsa sensación, pero volteo a ver las líricas dedicadas a tu persona, y no lo creo.
Nunca has sido clara, nunca ha habido una conversación sobre a lo que se inclina esta emoción.
Pero sí, absolutamente ha dejado de ser solo material, para convertirse en algo emocional, algo real, algo…
Que prefiero hablar, para dejar de sentir; prefiero entregar mi literatura lírica y narrativa a tu presencia para que rechaces por fin, o aceptes lo que siento.
Me hace más daño guardarlo dentro. El Padre quiere que confíe, pero los puntos suspensivos eres tú quien los agrega.
Tal vez buscarás a alguien mejor, tal vez lo encuentres; yo confiaré. Aunque… un, dos, tres: ¡te hallé!
Un… dos… tres por ti.
— Jorge Guzmán