Con el tiempo he entendido que las cosas no son fáciles y que, mientras más pasa el tiempo, todo se vuelve más serio. Sentimientos como la alegría, la tristeza y el enojo empiezan a pasar desapercibidos y se ven opacados por nuestras responsabilidades.
He comprendido que las personas no actuarán o verán la vida como nos gustaría. Pero ahí radica la gracia de la vida: amamos y queremos aunque todo se vuelva complicado e incómodo. Aunque nos sintamos ofendidos, atacados o traicionados, seguimos amando.
Solo somos niños en cuerpos de adultos. Esas ganas de compartir, abrazar, sonreír, reír, saltar, cantar, bailar y amar siempre estarán ahí, anhelando salir.
Lo más difícil de ser adulto es perder el miedo a sentir y a perdonar, porque es en esas dos acciones donde nuestra vulnerabilidad es atacada.
Pero he decidido vivir porque en ti vi la libertad manifestada. Porque la forma en la que amas es sin prejuicios y sin culpas. Amas en libertad aunque existan situaciones incómodas. Más que no aferrarte a las personas, no te aferras a sus acciones. Dejas que las personas sean libres porque tú eres libre. Y amas, miras y sonríes de una forma tan bella que permites que las personas sean honestas consigo mismas.
Siempre he pensado que tienes el poder de hacer brillar a las personas y que veamos el vivir como algo interesante.