Muerte,
difícil de nombrar,
imposible de habitar.
Pienso en ella,
en cómo podría invadirme a veces,
pero sacudo mi cabeza
con culpa, tal vez,
o miedo.
Me escondo de ella
y ella
se esconde de mí,
aunque si la llamo
ella va a huir.
Cuando de la vuelta a mirarme,
supongo que ya habré encontrado la razón
para no moverme de ahí.