Hay gente que se pasa años pidiendo disculpas por cosas que no hizo, y este texto termina justo así, pidiendo perdón. A mí me parece que no debías ninguna. Que lo hayas dejado escrito ya es bastante más que quedarse quieta.
Ironía
A veces pienso y divago.
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Pensamiento
Hay gente que se pasa años pidiendo disculpas por cosas que no hizo, y este texto termina justo así, pidiendo perdón. A mí me parece que no debías ninguna. Que lo hayas dejado escrito ya es bastante más que quedarse quieta.
Contenido de la publicación
A veces pienso y divago.
Pienso en mí y en ti,
en tu resistencia,
en tus metas
y en cómo, por cuestiones del destino,
algunas quedaron suspendidas
en algún lugar al que ya no llegaste.
Pienso en cómo llegué a tu vida
y en esa extraña ironía
de que, aunque digas que fui yo quien te salvó,
quizás siempre fue al revés.
Me resulta irónico
el parecido innegable que tenemos:
la forma en que nos lanzamos dardos
hacia nosotros mismos,
cómo sangramos por los demás
mientras fingimos no sentir el dolor.
Y qué cruel ironía
que siendo tan parecidos
logremos entendernos tan poco;
que nuestras manos, queriendo acariciar,
terminen dejando heridas
más profundas de lo que imaginamos.
Es triste
que quieras salvarme
tanto como yo deseo salvarte a ti.
Porque me lanzaría a un río
si estuvieras en peligro,
aun teniendo miedo de nadar.
Pero no puedes salvarme de mí misma.
Y quizás ahí está
la parte que más duele.
He encontrado cierta comodidad
en mi propia mediocridad,
en quedarme quieta,
en no esperar demasiado de mí
para no tener que enfrentar
todo aquello que podría perder.
Sé que detestas verme así.
Sé que esperas algo mejor de mí.
Y, en cierta medida,
yo también lo esperaba.
Pero el cansancio me ganó,
y el miedo a ese futuro incierto
terminó convenciéndome
de que era más fácil no avanzar.
Hay una enfermedad
que me carcome la mente
y me va borrando de a poco.
Me ahogo
en el lago del olvido,
mientras intento aferrarme
a recuerdos que ya no sé sostener.
Quiero vivir de la nostalgia,
pero ya no recuerdo tus abrazos.
Quiero volver al ayer,
pero el ayer se aleja
cada vez que intento tocarlo.
Y ahora voy rumbo a ninguna parte,
sin saber siquiera
si alguna vez tuve un destino.
Y no es tu culpa.
Solo quería que lo supieras.
Solo quería que supieras
que lo siento.
Thoughts
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PermalinkHay gente que se pasa años pidiendo disculpas por cosas que no hizo, y este texto termina justo así, pidiendo perdón. A mí me parece que no debías ninguna. Que lo hayas dejado escrito ya es bastante más que quedarse quieta.
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PermalinkCasi todo el texto va por dentro de la cabeza, y de repente aparece el río y el miedo a nadar y ahí de golpe hay un cuerpo. Me suena a que esa parte no la pensaste, te salió sola. Yo me quedo siempre con esas, las que traen algo que se puede tocar.
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PermalinkPues nada, lo leí entero de una sentada y me quedé con la parte del lago del olvido. Se me hizo un nudo y ya está.
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PermalinkAy, no.
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PermalinkMe suena a alguien que escribió esto mucho después de la última discusión, cuando ya no quedaba nadie enfrente a quien decírselo. Si me equivoco, corregime.
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PermalinkLo del ayer que se aleja cada vez que intentas tocarlo se me quedó pegado. Me acordé de mi mamá buscando el nombre de una canción toda una tarde.
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PermalinkUf. Qué bestia.
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PermalinkMae, lo de acomodarse en no esperar nada de una misma lo tengo yo también, y ni cuenta me daba hasta ahora.
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PermalinkLo de tirarse a un río por alguien aun teniendo miedo de nadar me hace pensar en que casi siempre estamos más dispuestos a salvar a otro que a dejarnos salvar. Apuesto a que quien lo lea se va a reconocer en la parte del parecido, esa de los dardos hacia uno mismo. Gracias por ponerlo acá!
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Permalink"He encontrado cierta comodidad
en mi propia mediocridad,"
Todo el poema es perfecto, pero este es el corazón. Aquí golpea, nos hace aterrizar el sentimiento y elevarlo a una reflexión. Y si el problema no es que me salven o me salve, sino que estoy cómodo con como estoy actualmente, en la anhedonia, en la tristeza, en la melancólica calma de un fatídico silencio, que ahorca y me deja sin respirar tan lentamente que no me doy cuenta.
Las contradicciones sostienen muy bien esa ironía que nos pintas, ser salvado cuando quiero salvarte también, herir mientras se quiere acariciar.
Buen poema.
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