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Hablemos de cine: lo creíble y lo posible. Lo verosímil y lo improbable

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Había un chiste entre mis amigos cinéfilos —y no tanto— que decía: estás viendo una película de ciencia ficción yanqui si el presidente de los Estados Unidos es negro o mujer.

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Pensamiento

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cvillar213

Al público lo estás juzgando rápido. Cuando alguien dice que una película es inverosímil, casi nunca se queja de la física. Se queja de que la peli firmó unas reglas en el minuto diez y en el ochenta las cambió porque al guion le convenía. Ese reclamo es

Al público lo estás juzgando rápido. Cuando alguien dice que una película es inverosímil, casi nunca se queja de la física. Se queja de que la peli firmó unas reglas en el minuto diez y en el ochenta las cambió porque al guion le convenía. Ese reclamo es legítimo y no le exige nada al mundo real. Xe.

Contenido de la publicación

Había un chiste entre mis amigos cinéfilos —y no tanto— que decía: estás viendo una película de ciencia ficción yanqui si el presidente de los Estados Unidos es negro o mujer.

Hoy, después de investigar un poco, llegué a una conclusión: no toda película de ciencia ficción tiene ciencia, ni toda película que tenga ciencia es de ciencia ficción.Déjenme explicarles.

««A través del tiempo y el espacio, solo somos física, química y ondas electromagnéticas.»»

««El latido lento del corazón, el goteo de la canilla del baño, el sol y su lento recorrido de este a oeste… Todo alimenta esa ilusión que el ser humano llama tiempo.»»

««A las 14:35, Isabela, la IA del Colisionador de Hadrones Europeo, tomó conciencia de su existencia y, diecisiete minutos más tarde, llegó a la conclusión de que el único enemigo del planeta Tierra era el ser humano. Dos minutos después, tomó el control de la nube e hizo llover bombas atómicas por todo el planeta.»»

Estos podrían ser los primeros párrafos de tres relatos. Los dos primeros no podrían calificarse como ciencia ficción solamente con esa lectura. El tercero, en cambio, sí nos llevaría inmediatamente hacia ese género.

¿Y por qué?

Porque contiene dos elementos fundamentales: ciencia y ficción. Pero hay un tercero que, desde mi punto de vista, resulta imprescindible: la verosimilitud.

Ya sea en literatura, cine o historieta, la ciencia ficción necesita que el espectador acepte las reglas del mundo que se le propone. Los acontecimientos deben resultar posibles o, al menos, creíbles dentro de la lógica de ese universo. Tiene que existir una base científica, una explicación —tácita o deducible—, aunque esta se reduzca a la conocida excusa de «tecnología incomprensible para nuestro cerebro del siglo XXI».

En 1902, cuando se estrenó Viaje a la Luna, de Georges Méliès, hoy considerada una de las primeras películas de ciencia ficción, el concepto de «ciencia ficción» todavía no estaba establecido como género cinematográfico. La película podía ser percibida, sencillamente, como fantasía.

Algo similar ocurre con King Kong (1933), que durante mucho tiempo fue asociada principalmente con el cine de aventuras, o Frankenstein (1931), identificada fundamentalmente con el terror.

Con el tiempo, las fronteras entre los géneros fueron cambiando.

Interestelar, de Christopher Nolan, intenta construir su historia sobre conceptos científicos reales, especialmente en torno a los agujeros negros, la relatividad y el espacio-tiempo. Eso contribuye a que aceptemos como posibles acontecimientos que, en otro contexto, parecerían completamente absurdos.

No mires arriba juega con algo diferente: lo que plantea resulta científicamente posible y, precisamente por eso, la película construye su humor alrededor de la incredulidad de los personajes y de la sociedad.

La guerra de los mundos plantea una invasión extraterrestre: posible, al menos en términos especulativos, pero ¿creíble?

Un pliegue en el tiempo: ¿posible? ¿Creíble? ¿Probable?

Blade Runner es creíble, ¿pero probable?

2001: Una odisea del espacio también juega con esas fronteras.

Y podríamos seguir.

Por supuesto, estas apreciaciones son tan subjetivas como espectadores haya.

Sin embargo, hay algo que sí considero importante: no todo relato que incluya ciencia es ciencia ficción, ni todo relato de ciencia ficción necesita explicar científicamente cada uno de sus elementos.

Una historia que transcurra en el futuro, en otro planeta o en una sociedad tecnológicamente diferente puede pertenecer perfectamente a la ciencia ficción aunque nunca se detenga a explicar cómo funciona científicamente ese mundo.

Yo, robot, por ejemplo, es una película de ciencia ficción. Sharknado, en cambio, juega deliberadamente con el absurdo. Es divertida, disparatada y utiliza elementos propios de la ciencia ficción, pero no intenta construir un mundo científicamente verosímil.

Y ahí está justamente la diferencia.

No todo tiene que ser posible para que funcione. Pero la película debe conseguir que aceptemos sus propias reglas.

Stephen King cuenta en su libro Mientras escribo que una revista especializada en ciencia ficción no le aceptaba algunos cuentos porque, según los editores, carecían de una base científica suficiente.

Julio Verne, por su parte, durante mucho tiempo fue considerado principalmente un escritor de aventuras y anticipación. Con el paso de los años, su obra terminó convirtiéndose en uno de los pilares fundamentales de lo que hoy entendemos como literatura de ciencia ficción.

Y esto nos lleva a otro elemento que considero casi tan importante como la verosimilitud: el pacto ficcional.

Es ese acuerdo tácito que se establece entre el autor y el espectador. El autor propone unas reglas y el espectador acepta jugar con ellas.

Si una película me dice que existen dinosaurios clonados, acepto que existen dinosaurios clonados. Si me dice que una máquina puede viajar en el tiempo, acepto que existe esa máquina. Si me dice que una tormenta puede convertirse en un tornado de tiburones, probablemente también lo acepte.

Lo que no puedo exigir es que el mundo real funcione de acuerdo con las reglas de la película.

En los últimos años, este pacto parece haberse debilitado. Miles de críticos amateur en redes sociales y blogs de cine reprochan a determinadas películas de dinosaurios mutantes, viajes en el tiempo o invasiones extraterrestres que sean «inverosímiles».

Pero justamente una de las tareas del cine es esa: hacer que lo imposible parezca posible durante dos horas.

La ciencia ficción no necesita predecir el futuro. Tampoco necesita llenar la pantalla de fórmulas, científicos con guardapolvos o explicaciones sobre física cuántica.

Necesita, ante todo, construir un mundo que el espectador esté dispuesto a aceptar.

Puede ser posible. Puede ser improbable. Puede ser incluso completamente imposible.

Pero, mientras dure la película, tiene que ser creíble.

Al final, solo el tiempo —como en una buena película— suele poner todo en su lugar.

Con o sin almanaque deportivo.

Thoughts

  • eze2011

    En Interestelar el tipo vuelve y la hija tiene más años que él, y ahí la relatividad deja de ser adorno. A mí una película se me sostiene cuando alguien adentro paga el costo de la regla, y lo de la verosimilitud te lo compro entero por ese lado. Se me cae cuando la peli pone una regla cara y después la usa gratis.

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  • Ovid

    Los tres párrafos del principio hacen el trabajo solos. Los dos primeros pueden ser cualquier cosa y el tercero, con una sola frase sobre Isabela, ya te deja en otro género. Con Sharknado a mí me pasó igual, avisa desde el título con qué reglas juega y uno entra sabiendo. Gracias por traerlo por aquí!

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  • cvillar213

    Al público lo estás juzgando rápido. Cuando alguien dice que una película es inverosímil, casi nunca se queja de la física. Se queja de que la peli firmó unas reglas en el minuto diez y en el ochenta las cambió porque al guion le convenía. Ese reclamo es legítimo y no le exige nada al mundo real. Xe.

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