Sentí una ventisca recorrerme el cuerpo,
y así volví a sentir tu aroma.
Como un recuerdo frágil escondido en un joyero, como algo que ya tenía un poco olor a viejo; humedad, polvo, óxido
y mucha, mucha ternura.
El atardecer parecía golpear mis ojos,
porque de ellos comenzaron a brotar lágrimas,
lágrimas de dolor porque recordé que ya no importase cuántas veces viera el mismo
atardecer en el mismo lugar y sintiera tú mismo aroma,
tú
ya no estabas
ahí.