Reviví por detrás –sin decoro–
de las fauces del vicio y sus huestes,
no le queda otro año a la peste
ni quién libre, de ripios, mi escombro.
.
El ombligo del mundo –qué indocto–,
que hasta ayer me dejase a mi suerte,
se guardó para sí un aliciente
encurtido hasta el próximo otoño.
.
Cuando peguen, de nuevo, las hojas
y le recen, las mieses, a solas
al dorado que fue, otra vez, verde,
.
llorará, este cielo, aguanieve
y el invierno será lo de siempre,
pues maldice con celo a la aurora.