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Él y Saya

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Entre ellos estaba él. No era el más fuerte de los cazadores ni el más hábil modelando las herramientas de sílex. Sus manos tenían la misma dureza que las de los demás y sus pasos dejaban la misma…

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Pensamiento

Pensamiento

Otilia

Siempre pregunto quién es ese señor. Acá entiendo: es el que dice 'Saya' a su compañera junto al arroyo. Es suficiente para saberlo todo.

Siempre pregunto quién es ese señor. Acá entiendo: es el que dice 'Saya' a su compañera junto al arroyo. Es suficiente para saberlo todo.

Contenido de la publicación

Entre ellos estaba él. No era el más fuerte de los cazadores ni el más hábil modelando las herramientas de sílex. Sus manos tenían la misma dureza que las de los demás y sus pasos dejaban la misma huella sobre el barro blando.

Junto a él caminaba Saya. Para la mayoría, la identidad se marcaba con el dedo o se reconocía por la cicatriz en la piel y el tono del gruñido. Solo el anciano líder poseía un sonido único, un chasquido seco de la lengua que todos obedecían: Gort.

Pero el hombre sentía una necesidad distinta, un impulso por moldear el aire para aquello que no quería perder de vista. Había comenzado en la intimidad de la cueva con su hermana menor, para quien escogió una sílaba rápida y tibia, como el soplo de la brisa: Sha. Para su compañera, había moldeado un sonido suave y pausado, como el roce del agua sobre la piedra: Sa-ya.

Cierto día, mientras el sol caía, ella estaba inclinada junto al arroyo, lavándose la sangre de las manos después de la caza. Él la observó en silencio, trazando con la mirada la curva de su espalda, y dejó escapar el sonido que había repetido en su mente.

—Saya.

Ella levantó la cabeza. Sus ojos buscaron detrás de él, creyendo que el sonido pertenecía a un ave o al viento en las hojas.

—Saya —repitió él, mirándola fijamente.

Ella sonrió, divertida por aquella extraña música. Rozó su propio pecho con la mano húmeda y repitió el sonido con torpeza:

—Saa... ya.

Él soltó una breve risa. Cuando la noche caía y la tribu se apiñaba en torno al fuego, ella se sentaba a su lado. El contacto de sus hombros bajo la misma piel de bisonte y el calor compartido en las madrugadas frías constituían todo su universo. Cuando Saya estaba cerca, el frío dolía menos.

Los hijos del miedo

    Thoughts

    • subrayoTodo

      Lo subrayo.

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    • Marisolita

      Algo de eso de conocer a alguien de verdad, sin palabras, solo estar. Eso que describís con el calor compartido, el contacto de los hombros.

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    • mvillar74

      Eso de leer la misma historia muchas veces y encontrar algo diferente cada lectura. Este cuento tiene esa manera de recompensarte por volver.

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    • Ovid

      Que manera de escribir el primer nombre. Gracias.

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    • Otilia

      Siempre pregunto quién es ese señor. Acá entiendo: es el que dice 'Saya' a su compañera junto al arroyo. Es suficiente para saberlo todo.

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    • pnavarro64

      Inventar un sonido solo para una persona, la intimidad sin drama. ¿Tienes más historias así por acá?

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    • relatoBreve

      Que inventar un nombre sea lo más importante. Eso que duele: descubrir a alguien es nombrarle.

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