TEMPORADA 2 - CAPÍTULO 11:
ESCENA 1
LUGAR: Las bóvedas subterráneas del Baluarte de San José, Ciudadela de Montevideo. ESCENARIO: Un túnel de piedra de sillería lúgubre y asfixiante, ubicado bajo la línea de flotación de la bahía. El suelo de tierra apelmazada está cubierto por charcos de agua salobre que filtran continuamente del muro. La única luz proviene de un hacha de resina encendida en una argolla de hierro de la pared.
Dentro de una celda con barrotes de hierro dulce oxidados, el PADRE FAUSTINO (68) está echado sobre un montón de paja podrida. Tiene los puños encadenados a la pared y el rostro cubierto de hollín secado con sangre, pero mantiene la mirada encendida. En el pasillo, un guardia de la Jefatura yace inconsciente en el suelo, golpeado en la nuca con la culata de un trabuco.
(El chasquido metálico de una llave de forja gruesa girando con dificultad rompe el silencio. La puerta pesada de la celda se abre con un chirrido agudo).
(El CAPITÁN TOMÁS entra ágilmente, vistiendo un capote oscuro empapado por la llovizna exterior. Tras él, JUANA CORREA vigila el pasillo con un par de pistolas de chispa listas).
CAPITÁN TOMÁS: (Arrodillándose junto al anciano sacerdote, sacando un cortahierros y un martillo envuelto en trapos para silenciar el golpe) Padre Faustino... No hable. Tenemos menos de diez minutos antes de que la ronda del portón sur descubra al sargento que dejamos durmiendo en la garita.
PADRE FAUSTINO: (Con la voz ronca y entrecortada, pero sonriendo con ironía mientras Tomás trabaja en las cadenas) ¡Tardaron bastante, muchachos! Ya me estaba acostumbrando al olor a moho y a la conversación de las ratas de la bahía. ¿Qué pasó en la plaza? ¿Se coronó el francés?
JUANA CORREA: (Avanzando un paso dentro de la celda, tomándole el hombro con afecto) Aclamado por los doctores del Cabildo y los comerciantes de la aduana, Padre. Hoy es el "Protector de la Patria". Pero no le va a durar mucho el festejo.
PADRE FAUSTINO: (Soltando un suspiro profundo cuando la cadena cede con un chasquido) No subestimen a Julien de Saint-Germain, Juana. Un hombre que se inventa una vida, una causa y un ejército no cae solo por un pasquín o una carta interceptada. Ese francés tiene tentáculos en el consulado británico, en los buques de Guerra de Burdeos y en la mitad del Senado.
CAPITÁN TOMÁS: (Ayudando a ponerse de pie al anciano, que tambalea de debilidad) Por eso no nos vamos a la campaña. Si nos retiramos al interior, "El Negro" usará las tropas del Estado para cazarnos como a perros montoneros. Nos quedamos acá, adentro de la muralla. En las entrañas de Montevideo.
ESCENA 2
LUGAR: Túneles de la red de alcantarillado e infiltración colonial, bajo la Calle de San Carlos. ESCENARIO: Un pasadizo estrecho de piedra bajo la ciudadela. El aire huele a humedad, barro y sal. El eco de los pasos de los tres fugitivos retumba amortiguado.
(Juana guía la marcha llevando un farol sordo. Tomás sostiene al Padre Faustino, quien intenta mantener el ritmo pese a sus piernas acalambradas).
PADRE FAUSTINO: (Deteniéndose un segundo para tomar aire, apoyado contra el muro de piedra) ¿Adónde me llevan? Las casas de los patriotas están todas vigiladas por los espías de la Jefatura. Si pisamos una parroquia o un convento, el Vicario le avisa al Comandante en media hora.
JUANA CORREA: (Con una sonrisa helada en la penumbra) A un lugar donde "El Negro" jamás buscaría a un cura republicano ni a la hija de un caudillo: a la trastienda del "Cisne de Plata", el prostíbulo y casa de juego de Mademoiselle Chantal, en el puerto.
CAPITÁN TOMÁS: (Mirando a Juana con asombro) ¿La francesa? Esa mujer le atiende la mesa de baccarat a todos los diplomáticos y oficiales de la marina francesa. Es un nido de víboras.
JUANA CORREA: (Ajustándose el embozo de la capa) Las víboras conocen el veneno del francés mejor que nadie, Tomás. Mademoiselle Chantal llegó en el mismo barco que Saint-Germain hace diez años. Él cree que la tiene comprada con los permisos del puerto... pero ella sabe que en cuanto "El Negro" controle todo el Gobierno, la va a mandar a deportar o a envenenar para no dejar cabos sueltos. Desde esa trastienda vamos a montar nuestro centro de operaciones.