Ella dice que no, pero su cuerpo nunca miente. Cuando está lejos, finge que no le importa. Sin embargo, basta un roce para que pierda el control. Entonces, se dejan llevar sin pensar, la ropa ya no importa y nada fuera de ellos existe.
No solo atrae. Te adormece los sentidos, te quita el juicio y te obliga a volver a ella incluso cuando sabes que te está consumiendo. Es la euforia pura de un éxtasis voraz mezclada con el peso fuerte de una sustancia puesta directo en las venas.
No la quieres; la necesitas. Es hambre insaciable en su forma más pura. Plenitud, placer y un ardor que quema en un infierno lleno de amor. La pureza más alta y la suavidad hipnótica están en la belleza femenina en su forma más salvaje, una figura tan peligrosa que saca a la mente de su cordura.
El veneno de su piel y el sabor de sus labios adormecen cualquier razón. Es un vicio que vuelve loco al primer roce. Recorrer su cuerpo ardiente aumenta una pasión que los consume. Afuera solo hay confusión y olvido. Pero adentro, entre besos que van y vienen, no hay pasado ni futuro. Solo dos cuerpos se unen en un único latido por momentos que parecen eternos.