No fue obsesión.
Fue la primera vez que amé a alguien con todo mi corazón.
La primera vez que dejé de pensar en quién debía dar el primer paso.
La primera vez que mi orgullo dejó de ser más importante que lo que sentía.
Por primera vez no quería ganar una discusión.
No quería tener la razón.
No quería aparentar indiferencia para que la otra persona me buscara.
Simplemente quería que estuviéramos bien.
Y quizá por eso hice cosas que nunca antes había hecho.
Dije lo que sentía.
Pedí perdón cuando me equivoqué.
Intenté arreglar las cosas.
Me quedé en conversaciones difíciles.
Y muchas veces dejé de lado mi orgullo porque entendí que tener razón no servía de nada si terminábamos alejándonos.
No fue obsesión.
Fue sentir por primera vez que alguien realmente me importaba.
Pero con el tiempo también aprendí algo que entonces no sabía:
Amar con todo el corazón no significa olvidarte de ti.
Puedes querer muchísimo a alguien y seguir teniendo límites.
Puedes luchar por una relación sin tener que perder tu dignidad.
Puedes dejar a un lado el ego sin dejar a un lado tu amor propio.
Porque una cosa es decir “quiero arreglar esto” y otra muy diferente es pensar “haré cualquier cosa con tal de que no se vaya”.
Hoy entiendo la diferencia.
Y aunque aquella versión de mí quizá dio demasiado, no me avergüenzo de haber amado sinceramente.
No me arrepiento de haber mostrado mis sentimientos.
No me arrepiento de haber intentado.
Porque por primera vez no estaba jugando a quién quería menos.
No estaba contando quién buscaba a quién.
No estaba esperando que el otro diera el primer paso solamente por orgullo.
Estaba queriendo.
De verdad.
Y quizá esa fue la primera vez que entendí que amar también puede hacerte vulnerable.
Pero también aprendí que el amor más bonito no debería exigirte desaparecer dentro de él.
Puedes amar con todo tu corazón y seguir siendo tú.
Puedes entregar mucho y todavía saber cuándo detenerte.
Puedes dejar el ego a un lado sin dejarte a ti mismo de lado.
Así que no…
No fue obsesión.
Fue la primera vez que amé sin pensar en quién tenía el poder.
Y aunque esa historia no terminó como esperaba, me dejó una certeza:
haber amado de verdad nunca será algo de lo que tenga que avergonzarme. 🤍