Que el texto vaya dedicado a quien escribe sin saber por qué ya contesta media pregunta. Yo apuesto a que ningún escritor vive fijo en uno de los dos extremos: hay semanas de enseñarlo todo y semanas de guardarlo en un cajón, y el que escribe para entenderse va y viene entre las dos.
El refugio del escritor: entre sombras y palabras
Pensamiento
Que el texto vaya dedicado a quien escribe sin saber por qué ya contesta media pregunta. Yo apuesto a que ningún escritor vive fijo en uno de los dos extremos: hay semanas de enseñarlo todo y semanas de guardarlo en un cajón, y el que escribe para entende
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12 de febrero del 2025
Para aquellos que escriben sin entender el porque
Se dice que los escritores se esconden detrás de palabras mal dichas, de adverbios torcidos que no logran encajar, de significados perdidos que se disuelven en la niebla de lo inalcanzable y de silencios que se estiran como hilos rotos, esperando encontrar una forma de ser comprendidos. Se dice que los escritores se ocultan en aquellos que, incapaces de mostrar lo que sienten, guardan sus emociones como un tesoro en lo profundo de su ser, porque saben que solo con una pluma, o en tiempos más modernos, con una pantalla y un teclado, pueden expresar aquello que los demás no pueden ver. Cada golpe de tecla es un suspiro, un grito contenido, un reflejo del alma que se libera a través de cada palabra que aparece en la pantalla. Se dice que los escritores se fragmentan entre sueños rotos, entre historias que jamás serán contadas del todo, entre relatos inconclusos que solo ellos pueden entender, pero que nadie más podrá descifrar.
¿Pero dónde se esconde un verdadero escritor? ¿Es en el que grita sus emociones con cada palabra escrita, desbordando su alma al mundo, o en el que, por el contrario, se oculta entre la penumbra de la noche, donde las palabras se diluyen en sombras y sus pensamientos jamás se hacen realidad? ¿Acaso el escritor verdadero no se encuentra en esos extremos, sino en el constante tira y afloja entre mostrar lo que tiene dentro y guardarlo bajo llave, entre el deseo de ser comprendido y el miedo a ser juzgado? El escritor verdadero no es un ser sencillo, ni un ser fácil de comprender. Se esconde en las grietas del alma, en esas partes que se quieren compartir pero que, al mismo tiempo, se temen mostrar. Es una contradicción viva, una mezcla de valentía y temor, de exposición y protección.
Y sin embargo, ¿qué significa ser escritor? ¿Qué es lo que te convierte en uno? No es solo la habilidad de contar historias, ni la destreza para crear mundos imaginarios que te envuelven, como si fuera posible escapar de la realidad. No se trata únicamente de escribir de forma técnica, de saber cómo jugar con las palabras, de darles una estructura perfecta. Ser escritor es mucho más que eso. Es la necesidad incontrolable de expresar lo que se lleva dentro, de encontrar una forma, por más imperfecta que sea, de exteriorizar lo que te consume por dentro. Ser escritor es la urgencia de transformar el caos de los pensamientos, las emociones crudas, los recuerdos que te atormentan o te iluminan, en algo que sea comprensible, en algo que pueda tocar el corazón de otro.
Ser escritor es, también, la lucha constante con la soledad, esa que se convierte en la mejor amiga del escritor, pero también en su mayor enemiga. La soledad lo arrastra a los rincones más oscuros de la mente, donde la creatividad florece, pero donde también se albergan los miedos más profundos. En esos momentos, el escritor se convierte en un espectador de su propia vida, en un observador de los sentimientos que surgen y desaparecen, de las dudas que acechan sin cesar. Es una batalla interna que no tiene fin, porque, cuando se cree que se ha encontrado una forma de calmar esa necesidad de escribir, surge otra corriente de pensamientos que empuja al escritor a seguir buscando, a seguir creando.
Pero ser escritor no es solo una cuestión de soledad o de lucha interna. Es también un acto de generosidad. Porque, al final, el escritor no escribe solo para sí mismo. No solo busca dar sentido a su mundo interior, sino que también busca conectar con el mundo exterior. Cada palabra escrita es un puente tendido hacia otros, un intento de compartir lo que se lleva dentro, un deseo de ser entendido. El escritor tiene una necesidad primordial de que sus palabras no queden atrapadas en el silencio, de que sus emociones no se disipen sin dejar huella. Y aunque nunca pueda asegurarse de que su mensaje llegue como lo desea, continúa escribiendo, porque esa es la única forma de encontrarse con el otro, de ser escuchado, de existir en el espacio que no está lleno de palabras.
¿Qué hace que alguien sea escritor? Tal vez, es simplemente el hecho de que no puede evitarlo. Porque un escritor no elige serlo. La escritura lo elige a él. La necesidad de escribir es tan intrínseca, tan profunda, que no importa cuánto lo intente, el escritor no puede escapar de ella. Y, en esa incapacidad de escapar, en ese deseo constante de dejar palabras sobre el papel, el escritor se define, se encuentra a sí mismo, y se pierde en el proceso de crear.
Ser escritor, en su forma más pura, es vivir en la frontera entre el caos y el orden, entre el deseo de ser entendido y el miedo a ser incomprendido. Es estar parado al borde de la verdad y la mentira, donde cada palabra es una tentativa de atrapar algo efímero, algo que escapa, pero que sigue siendo valioso. Y, a pesar de las dudas, a pesar de la soledad, el escritor sigue escribiendo, porque en cada palabra, por más imperfecta que sea, se encuentra un pedazo de sí mismo. Y tal vez, solo tal vez, esa sea la mayor victoria que puede alcanzar: lograr existir, aunque sea solo un momento, a través de sus propias palabras.
Thoughts
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PermalinkLo de que uno no elige escribir y que la escritura lo elige a él me deja con dudas. Mucha gente lo dice de cualquier oficio que quiere, y a veces sirve para no ver que uno sí eligió seguir, cada noche, aunque costara.
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PermalinkTengo una señora de noventa y tres que me dicta cada semana una carta para su hija, casi siempre la misma. Ella no se llamaría escritora ni loca, pero esa necesidad que no se puede evitar, la del último párrafo, la tiene enterita, y para mí cuenta igual que la de cualquiera con libro.
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PermalinkQue el texto vaya dedicado a quien escribe sin saber por qué ya contesta media pregunta. Yo apuesto a que ningún escritor vive fijo en uno de los dos extremos: hay semanas de enseñarlo todo y semanas de guardarlo en un cajón, y el que escribe para entenderse va y viene entre las dos.
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