En días tan trágicos como hoy
preferiría la muerte
antes que este vacío eterno.
No queda aire en mi pecho,
solo el rastro de tu aliento,
una cadena de mentiras
que me ata a tu recuerdo.
Vendiste la ilusión de un amor
que nunca existió,
un veneno dulce que me mata
en cada pensamiento.
Ojalá que el sol se oculte para ti
y que las noches no tengan estrellas.
Que las nubes negras siempre te persigan
y solo haya sombra en tu llanto.
Que tu felicidad esté cargada de penas
y que Dios te olvide para la eternidad.
El sudor cae sobre el pan amargo,
mientras el discurso promete un mañana.
Un truco de sombras, un engaño largo
que vende consuelo a la gente desolada.
¿Hasta cuándo el barro sostendrá el anhelo?
¿Hasta cuándo la fe será solo un cobro?
Pero el final ya está escrito:
el tiempo que compraste con engaños
se volverá ceniza,
una sombra más en la calzada,
sin rastro de lo que un día fue.
Te quedarás sola,
envuelta en tu propia mentira,
hasta que la nada te consuma,
un eco vacío en la eternidad.