Mi papá se acerca y me dice con voz apurada.
-Hija, recuerda que para todo siempre hay solución. Me voy. Cuídate.
Lo miro rápidamente mientras veo que se va a velocidad luz, pienso de quién saqué ese positivismo obstinado y persistente.
Sólo suspiro negando con la cabeza, convenciéndome de no repetir tan a la ligera esa frase de doble filo, pero la más poderosa cuando quiero luchar.