Lo de vender el derecho de autor por el precio que sostenga la cotidianidad hasta la próxima quincena me pegó, yo también vivo contando quincenas y nunca lo había visto como vender mi propio color. Y luego llega ese viento cargado de humedad sobre la tierra seca, con los riachuelos y la maleza apareciendo de golpe, y sentí que el poema cambiaba de clima ahí mismo.
Pensamiento
Lo de vender el derecho de autor por el precio que sostenga la cotidianidad hasta la próxima quincena me pegó, yo también vivo contando quincenas y nunca lo había visto como vender mi propio color. Y luego llega ese viento cargado de humedad sobre la tier
Contenido de la publicación
Inventarios, mundo real
Te ves inmerso
Todos ocupan su lugar
Todos son dueños de su color
Cuidamos todos nuestros derechos como nuestro autor directo
Aunque en la práctica toca venderlos
Por el precio que sostenga tu cotidanidad
Hasta la próxima quincena...
Yo soy el que se mirando se queda
A las nubes doradas
Mientras pasa
Por algún puente que exija
Actitud borrega
A mi no me da miedo de la aridez y de la sequía
Mi viento es viento cargado de humedad que trae fértiles tormentas
Y la tierra muerta de mi alma la recibe y se forman lagunas
Riachuelos, estanques cristalinos y florece la maleza y las flores y los árboles aparecen inmediatamente
Y toda aquella vegetación alberga vida en libertad
Húmeda, fresca y viva...
Yo soy el que tiene palabras infinitas porque nunca se quedará sin conexión con su alma
Aún si lo quisiera
Aún en los días de oscuridad mortuoria donde mi corazón lo desea
Porque sangre chorrea...
El sol a todos nos colorea,
El sol no necesita seguir horarios para que su transcurrir contabilizado sea
Yo pongo en perspectiva descentrada toda la funcionalidad de la realidad
Para que al mirarla la pueda soportar...
Vendemos nuestro derecho de autor cuando desde nuestro propio control
Permitimos que nos usen, manipulen, y hagan daño
Sólo nos pasa lo que nos permitimos
¿Cuántos espíritus vivos sientes que quisieran caminar contigo?
Se, lo se...
Yo sé que yo desapercibido no pasaré
Las verdadera cuestión es:
¿Con el impacto que poseo en la realidad qué haré?
Siempre estuve por encima de los puentes del borreguismo
Mirando las doradas nubes
¿Cuando me ubique en la última altitud, y por completo me separe, cómo me mezclare, cómo encajaré
Dentro de este paisaje de seres y sus respectivos colores?
Algo me inventaré
Sin embargo, ya no me desesperaré pensando en un plan de acción exacto
Dejaré que me lleve la lentitud de los pasos que doy
Hacia ningún lado
Lo cierto del caso
Es que no puedo quedarme callado
No puedo perder la conexión con la fuente de las lluvias torrenciales
Para seguir cayendo sobre la aridez cruel que vaya creando la intensidad de la luz de mi sol.
Thoughts
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PermalinkArranca con inventarios y con vender derechos por el precio de la quincena, y más adelante el mismo verbo vuelve apuntando hacia adentro, cuando permitimos que nos usen. A mí me costó años ver que las dos ventas eran la misma cuenta. Las nubes doradas quedan justo en medio, como el único rato del día que no le vendiste a nadie.
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PermalinkLo de vender el derecho de autor por el precio que sostenga la cotidianidad hasta la próxima quincena me pegó, yo también vivo contando quincenas y nunca lo había visto como vender mi propio color. Y luego llega ese viento cargado de humedad sobre la tierra seca, con los riachuelos y la maleza apareciendo de golpe, y sentí que el poema cambiaba de clima ahí mismo.
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PermalinkMe ha gustado mucho lo de la tierra muerta que recibe el agua y se llena de lagunas. Se me ha quedado puesta encima esa imagen.
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PermalinkEl viento del poema viene cargado de humedad, y por eso la tierra muerta se llena de lagunas en vez de partirse. A mí eso me dice bastante: la sequía no se arregla desde afuera, se aguanta hasta que llueve de uno mismo. Y el título ya avisa que el que observa también hace algo. Gracias por colgarlo! ¿Vas a subir más poemas de estos?
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PermalinkLa quincena marcaba todo. Uno se acomodaba a esperarla y en eso se le iba el año entero, caramba. Recién de jubilado empecé a mirar el cielo sin apuro.
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