He escrito mucho últimamente,
he dejado algo de mí,
me he descubierto entre palabras,
diciendo lo que no puedo decir.
Esta es mi excusa personal,
mi manera de hablar sin hablar,
una excusa llamada poema
para todo lo que no pude expresar.
Nadie me ha escuchado,
ni siquiera preguntado por mí.
Me he sentido utilizado,
ocupado para el desquite de otros,
como si mi dolor no importara aquí.
¿Para qué abrirme ante los demás
si nadie quiere realmente escuchar?
Entonces escribo,
porque en estas líneas
al menos puedo respirar.
Quiero ser libre,
y en estas líneas lo soy:
libre de decir lo que quiero,
de mirar hacia el pasado
y encontrar quién soy.
Un niño, un joven y un adulto,
todos viviendo a la vez,
entre palabras escritas,
entre recuerdos y heridas
que nunca aprendí a esconder.
Estos son mis poemas.
Estas líneas son mi voz.
Soy yo quien queda escrito
cuando ya no queda nadie
que quiera escucharme hoy.
Son palabras no escuchadas,
cosas que quise que alguien oyera.
Y si preguntan quién es el problema,
quizás responda:
yo lo soy.
Esta es mi excusa,
mi forma de no callar,
mi excusa llamada poema.
Te dejaré esto acá.
Quizás algún día lo leas.
Dejaré mis problemas,
mis pensamientos y mis penas,
mis desquites y mis temores,
mis heridas que aún esperan.
Y seguiré llamándolo igual,
porque no sé cómo decirlo de otra manera:
mi excusa llamada poema.