Lo de empezar desde menos diez está cañón, mijo, y le creo más que a todo lo bonito de antes. Me da que ella ya cerró eso a su manera, en el tiempo en que no se vieron, y tú te enteraste después, cuando volviste a caer. Y lo de estar cansado, al final, después de tantas preguntas, suena distinto a todo lo demás.
El joven que perdió su mundo
Pensamiento
Lo de empezar desde menos diez está cañón, mijo, y le creo más que a todo lo bonito de antes. Me da que ella ya cerró eso a su manera, en el tiempo en que no se vieron, y tú te enteraste después, cuando volviste a caer. Y lo de estar cansado, al final, de
Contenido de la publicación
Una vez hubo un joven que no tenía mucho talento, ni demasiada inteligencia, ni nada que lo hiciera especial. Sin embargo, intentaba mejorar cada día, a pesar de no ser la mejor persona y de tener muchos defectos.
Un día conoció a alguien increíble.
Su comienzo no fue «normal», por así decirlo. Más bien, recibió un gran susto por culpa de aquella persona. Y, aunque al principio se asustó, después le pareció increíble tanto el momento como la persona que tenía delante.
Así comenzó a conocerla.
Al principio la vio como una amiga: alguien sumamente inteligente, increíble y con un corazón muy bueno. Aunque no lo pareciera, porque, si bien por fuera podía dar la impresión de ser fría, por dentro era todo lo contrario.
Pero, a medida que la conocía, empezó a verla de una manera diferente. Ya no la veía solamente como una amiga, sino como algo más.
Entonces, el joven comenzó a preguntarse qué le estaba pasando. ¿Por qué ya no la veía como siempre? ¿Por qué actuaba de manera diferente cuando estaba con ella?
Hasta que un día cualquiera lo entendió.
Algo había pasado, y ese algo era que se había enamorado.
Por eso la veía de otra manera. Para él, era perfecta; era hermosa, increíble y tenía tantas cosas que la hacían especial que el propio joven decía que las palabras nunca le alcanzarían para describir cómo la veía ni cuánto la amaba.
Pero también tenía miedo.
El joven sabía que no era alguien especial ni destacaba en nada. Al contrario, se sentía pequeño en todos los sentidos, como si no tuviera nada que ofrecer que lo hiciera merecedor de alguien como ella.
Tenía miedo de no ser correspondido.
Sin embargo, el joven sí tenía algo, y ese algo era amor.
Y el amor, a veces, te lleva a hacer locuras.
Así que, a pesar del miedo, se lo confesó.
Y, para su felicidad, fue correspondido. Aquella persona también lo quería, y todo pareció mejorar en ese momento.
Ambos se amaban, se querían y aprendían el uno del otro.
Él aprendió que, a veces, un «te quiero» puede significar más de lo que imaginamos; que tener paciencia y saber esperar al otro también es una forma de amar, y que las mejores cosas de la vida pueden llegar de las maneras más inesperadas.
Ella, por su parte, aprendió que a veces hay que demostrar un poco más lo que se siente, a expresarse y a comprender que, en ocasiones, el más loco o el más masoquista puede ser también quien más profundamente sabe amar.
En fin, ambos aprendían el uno del otro. Se entendían a pesar de ser tan diferentes, pero se amaban, y eso era lo que importaba.
Todo parecía perfecto. Todo era increíble.
Pero, en este mundo, las cosas también tienen sus altas y sus bajas. Y, por circunstancias de la vida, ocurrió una situación que hizo que ambos se alejaran el uno del otro.
Cuando volvieron a cruzarse, ella actuaba con normalidad, como si todo lo que había pasado hubiera sido solamente un sueño.
Él, en cambio, era diferente.
Por dentro, su amor seguía siendo el mismo, incluso más fuerte. Durante el tiempo en que no se vieron, se había prometido no volver a buscarla. Había intentado olvidarla, convencerse de que debía seguir adelante y dejar todo atrás.
Pero, cuando volvió a verla, simplemente cayó.
Cayó otra vez.
A veces, el joven todavía se pregunta qué fue lo que lo hizo enamorarse de nuevo. ¿Fue lo liso de su cabello? ¿La calma de su sonrisa? ¿O aquel universo que parecían albergar los ojos de la chica?
No lo sabe.
Lo único que sabe es que volvió a caer.
Y, después de un tiempo, aunque ella parecía actuar con normalidad, como si nada hubiera pasado o como si ya no recordara lo que habían vivido, él decidió intentarlo una vez más.
Consiguió hablar con ella y, por un momento, pensó que todo estaba bien.
Se ilusionó.
Pasó aquel día sonriendo, sintiéndose morir de felicidad por dentro, como si hubiera recuperado algo que creía perdido para siempre.
Pero, poco a poco, empezó a notar algo.
Todo había comenzado de nuevo, sí, pero no desde cero, sino desde menos diez.
Pasaban los días y el joven intentaba acercarse a ella, encontrar una oportunidad para estar juntos, recuperar aquella conexión que alguna vez habían tenido.
Sin embargo, parecía que cada vez que intentaba acercarse, terminaba alejándose más.
Era como si él mismo, ella o alguna fuerza invisible los mantuviera separados. Como si hubiera una pared entre ambos que no podía mover, romper ni atravesar, por más que lo intentara.
Y, aunque cada día aquello lo hacía sentirse peor consigo mismo, como si fuera la peor persona del mundo, como si no fuera suficiente, seguía intentándolo.
Pero, una y otra vez, terminaba alejándose en lugar de acercarse.
Hasta que llegó el día de hoy.
Hoy el joven se sintió terrible consigo mismo. Ya no sabe qué pensar, qué sentir ni qué hacer.
A veces intenta convencerse de que ella todavía lo ama, de que quizá todo esto sea una prueba, de que tal vez, en el fondo, aún queda algo de lo que alguna vez compartieron.
Pero, al mismo tiempo, otra parte de él se pregunta:
¿Por qué me pone a prueba? ¿Acaso todavía me ama? ¿O será que, para ella, todo esto ya terminó?
Y aquí estoy, escribiendo esta historia, haciéndome las mismas preguntas.
¿Qué hago?
¿Sigo intentándolo o dejo de hacerlo?
La amo, y precisamente por eso siento que debería seguir luchando. Pero, al mismo tiempo, me duele.
Me duele cada vez que parece haber olvidado todo lo que vivimos. Me duele cuando intento acercarme y termino sintiéndome ignorado. Me duele no saber si todavía significo algo para ella o si solamente estoy intentando recuperar algo que ya no existe.
No lo sé.
Tal vez sea una estupidez sentirme así. Tal vez esté viendo las cosas de una manera equivocada. Tal vez todo sea diferente de lo que imagino.
Pero ¿saben qué es lo que más me duele?
Ver que ella parece seguir adelante con total normalidad, mientras yo sigo aquí, estancado, sin saber cómo avanzar.
Ella continúa recorriendo el mundo, viviendo su vida, descubriendo cosas y siguiendo su camino, aparentemente sin necesitarme a su lado.
Y yo...
Yo sigo aquí, intentando encontrar la manera de volver a caminar junto a ella.
Porque, mientras ella parece seguir recorriendo el mundo libremente sin mí, yo siento que perdí mi mundo.
Tal vez ella nunca llegue a leer estas palabras. Tal vez nunca sepa todo lo que todavía siento. O tal vez algún día comprenda por qué me cuesta tanto dejar atrás algo que para mí significó tanto.
No lo sé.
Lo único que sé es que todavía la quiero, pero estoy cansado de no saber qué lugar ocupo en su vida.
Y, al final, me queda una última pregunta, una pregunta que ni siquiera yo sé responder:
¿Qué harías tú si fueras ese joven?
¿Seguirías luchando por la persona que amas, aun cuando cada intento parece alejarla más de ti?
¿O tendrías el valor de soltarla, incluso si una parte de ti siente que, al hacerlo, también estás perdiendo aquello que alguna vez te hizo feliz?
Una gran pregunta, ¿no?
Thoughts
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PermalinkLo de empezar desde menos diez está cañón, mijo, y le creo más que a todo lo bonito de antes. Me da que ella ya cerró eso a su manera, en el tiempo en que no se vieron, y tú te enteraste después, cuando volviste a caer. Y lo de estar cansado, al final, después de tantas preguntas, suena distinto a todo lo demás.
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PermalinkQue escribas que tal vez ella nunca lea esto, y lo subas igual, dice mucho de lo que pesaba guardarlo. Me late que esto va a ser de esos textos que uno relee en unos años y se sorprende de lo claro que se acuerda de todo. Bienvenido a Seavien @navas, y gracias por animarte con algo tan personal en tu primer post.
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