A Ian lo conocí a finales de los 90s, una época explosiva. Yo acababa de llegar a la ciudad y sufría una enfermedad de la que no me molestare en decir nada, excepto que tenía que ver con la casi insoportable sensación de que ya todo había muerto. No conocía a nadie y me quedaba en un muladar apocalíptico del centro. Ian fue de mis primeros amigos en la perla, y una tarde tal vez de agosto nos juntamos en el tugurio aquel en el que malvivía. Compramos cerveza y cocaína, y llovía tanto que parecía que el cielo se había cortado las venas. Me acuerdo bien de que mi cuarto tenía goteras y de que yo hablaba sin parar mientras que Ian permanecía mudo, ahí sentado, con la cabeza inclinada y los brazos caídos a los lados. Y loco, le dije, sintiendo ya en el fondo de las tripas el coraje que a veces me daba al verlo todo pendejo, todo idiota, y ya ni siquiera por el gusto de ponerse hasta su madre con la banda sino nada más para no tener que hablar con nadie, para no tener que escuchar a nadie, encerrarse dentro de sí mismo y desconectarse del mundo. Loco, le dije, ¿qué pedo? ¿Qué traes? Pero el bato no abrió la boca más que para soplar el humo del cigarro. Hundió más los hombros y apoyó los codos en las rodillas y comenzó a mesarse el mohicano aquel que llevaba. Yo insistí, ya cabrón, qué pedo, que pasó, y el bato nomás suspiró hondo y vacío la botella de un trago. Y como ya no decía nada pinte las últimas dos rayas sobre el estuche de un CD de Alice in Chains. Volví la mirada hacía Ian cuando una gota cayó exactamente sobre una de las líneas, diluyendo la preciosa droga. ¡Mierda! Me apresure a esnifar la única raya que quedaba y el bato se quedó quieto, con la mirada perdida y los labios torcidos en una sonrisita idiota. Un instante después se levantó y me pidió prestado el CD que estábamos oyendo, antes de despedirse.
No me sorprendió que Ian se suicidara, al igual que a todos los que le conocimos, creo. El bato vivía en un departamento cerca del parque Morelos. Esa zona de la ciudad me parece deprimente, aunque no siempre fue así. Fachadas lúgubres y habitaciones húmedas y estrechas como ataúdes. Ian pudo haberse colgado en cualquiera de ellas.
Una semana después de que estuvimos cotorreando en mi cuarto me lo tope en el jardín donde solíamos juntarnos a fumar mota. El bato estaba tocando Down in a Hole, un track del álbum de Alice in Chains que acababa de prestarle. Ian era talentoso con la guitarra. No sé qué buscaba en las drogas, yo mismo no sé qué busco y lo más seguro es que no hay nada que buscar.