Una vez y otra vez.
Así, en un cambio constante, casi rítmico.
Un ciclo, un estado, una fase, un momento.
Así rotaba su cabeza.
Y así se iba relacionando con todo.
Sus amigos lo conocían desde hacía tantos años, pero cada uno conocía apenas una de sus caras.
Así se movía, así seguía, siempre buscando.
¿A quién? ¿Cuándo? ¿Dónde?
A quién mostrarle todas sus caras.
Cuándo podría mostrar su realidad.
En qué momento abrir su estuche.
En qué momento dejar de ser diamante y simplemente ser.