Amor,lujo y traición
Una novela de amor, pasión, secretos, embarazo y venganza.
CAPÍTULO 1: UN AMOR INESPERADO ❤️
Valentina Reyes era una joven de 19 años que soñaba con tener su propio negocio y convertirse en una mujer exitosa. Aunque no tenía mucho dinero, siempre vestía bonita, caminaba con la frente en alto y tenía una sonrisa capaz de iluminar cualquier lugar.
Pero había algo que nadie sabía: Valentina estaba enamorada de Alejandro Castillo, el hombre más rico y deseado de la ciudad.
Alejandro tenía 25 años, un carro deportivo negro, una mansión enorme y una familia que escondía secretos oscuros.
Una tarde, mientras Valentina salía de una tienda, chocó accidentalmente con un hombre.
—¡Ay, Dios mío! ¡Mira por dónde caminas! —dijo ella, recogiendo su cartera.
—¿Siempre eres así de bonita cuando estás enojada? —preguntó el desconocido con una sonrisa pícara.
Valentina levantó la mirada y se quedó paralizada.
Era Alejandro Castillo.
—¿Tú? —preguntó ella, sorprendida.
—¿Nos conocemos, preciosa?
—No. Y tampoco me interesa conocerte.
Valentina se dio la vuelta y comenzó a caminar.
Alejandro sonrió.
—¡Oye, tú! ¡Ni siquiera me has dicho tu nombre!
Ella miró hacia atrás y respondió:
—Mi nombre no es asunto tuyo, papi.
Alejandro se quedó mirándola, impresionado. Nunca una mujer lo había tratado de aquella manera.
Esa misma noche, durante una cena familiar, Alejandro le confesó a su madre:
—Mamá, conocí a una muchacha.
Su madre dejó la copa sobre la mesa.
—Espero que no sea una cualquiera, Alejandro. Recuerda que pronto te casarás con Isabella.
Alejandro frunció el ceño.
—Yo no amo a Isabella.
—Eso no importa. Ese matrimonio salvará nuestra familia.
En ese instante, Alejandro recibió un mensaje de un número desconocido.
«Hola, papi. Soy la muchacha que conociste hoy. No te emociones, que solo te escribo para decirte que dejaste tu reloj en mi cartera».
Alejandro soltó una carcajada.
Pero lo que él no sabía era que aquella muchacha cambiaría su vida para siempre.
Porque Valentina no era una mujer cualquiera.
Era la hija de la persona que su familia había destruido hacía veinte años.
Y cuando la verdad saliera a la luz, el amor se convertiría en la peor guerra de sus vidas.
CAPÍTULO 2: LA PROMETIDA DEL MILLONARIO 💎
Eran las ocho de la noche cuando Valentina recibió una llamada.
—¿Aló? ¿Quién habla? —preguntó mientras se arreglaba las uñas.
—Buenas noches, señorita Reyes. Le hablamos de parte del señor Alejandro Castillo. Él desea invitarla a cenar esta noche.
Valentina soltó una carcajada.
—¿Y ese hombre se cree que yo no tengo nada que hacer?
—El señor Castillo enviará un vehículo a recogerla.
—Dígale que no necesito que me mande ningún vehículo. Si quiere verme, que venga él mismo.
Colgó el teléfono.
Veinte minutos después, un automóvil negro se detuvo frente a su casa.
Y, para sorpresa de Valentina, Alejandro bajó personalmente del vehículo, vestido con un traje negro que le quedaba demasiado bien.
—¿Contenta ahora, princesa? Vine yo mismo.
Valentina lo miró de arriba abajo.
—¿Tú siempre eres tan creído?
—Solamente cuando una mujer me gusta.
—Pues ve acostumbrándote a que yo no soy como las mujeres que tú conoces.
Alejandro sonrió y abrió la puerta del automóvil.
—Por eso mismo quiero conocerte.
Valentina intentó ocultar su sonrisa.
Pero cuando llegó a la mansión Castillo, su expresión cambió.
En la entrada había una mujer rubia, vestida con un elegante vestido rojo.
Isabella.
La prometida de Alejandro.
—¡Alejandro, mi amor! —exclamó ella, acercándose para besarlo.
Después miró a Valentina con desprecio.
—¿Y esta muchacha quién es?
Alejandro se quedó en silencio.
Valentina levantó una ceja.
—Tranquila, querida. Yo también estoy tratando de averiguarlo.
Y se dio la vuelta para marcharse.
Alejandro la sujetó suavemente de la mano.
—Valentina, espera.
Ella lo miró directamente a los ojos.
—No me vuelvas a buscar si tienes una mujer. Yo no compito por ningún hombre, papi.
Y se marchó.
Por primera vez en su vida, Alejandro Castillo sintió miedo.
Miedo de perder a una mujer que ni siquiera había conseguido conquistar.
LA VENGANZA DE ISABELLA
Dentro de la mansión, Isabella lanzó su bolso sobre el sofá.
—¡¿Quién es esa desgraciada?!
—No vuelvas a hablar de ella así —respondió Alejandro.
Isabella se quedó helada.
—¿Perdón? ¿Me estás defendiendo a esa cualquiera?
—Te estoy diciendo que no la insultes.
Ella comenzó a llorar, pero sus lágrimas desaparecieron en cuanto Alejandro abandonó la habitación.
Sacó su teléfono y llamó a una mujer.
—Necesito que investigues a Valentina Reyes. Quiero saber dónde vive, quién es su familia y cuáles son sus secretos.
—¿Y si no encontramos nada?
Isabella sonrió con frialdad.
—Entonces nos encargaremos de crearle un secreto.
Lo que Isabella ignoraba era que alguien había escuchado toda la conversación.
Gabriel Castillo, el hermano menor de Alejandro, estaba detrás de la puerta.
Y sonrió.
Porque él también conocía a Valentina.
Mucho más de lo que cualquiera podía imaginar.
EL BESO PROHIBIDO
Al día siguiente, Valentina fue a una entrevista de trabajo en una de las empresas más importantes de Santo Domingo.
Cuando entró en la oficina del director, se quedó paralizada.
Gabriel Castillo estaba sentado detrás del escritorio.
—¿Tú trabajas aquí? —preguntó ella.
Gabriel sonrió.
—Esta empresa es mía también, preciosa.
—Perfecto. Si me vas a ofrecer un trabajo, háblame profesionalmente.
—Me encanta que tengas carácter.
Durante la entrevista, Gabriel descubrió que Valentina tenía talento para los negocios y una idea brillante para crear su propia marca de belleza.
—Quiero ofrecerte un puesto en nuestra empresa —le dijo—. Y también quiero ayudarte a desarrollar tu negocio.
Valentina abrió los ojos.
—¿Por qué harías eso por mí?
Gabriel se acercó un poco.
—Porque no eres como las demás.
—Esa frase está demasiado usada, señor Castillo.
Él se rio.
—Entonces tendré que demostrarte que soy diferente.
Cuando Valentina salió de la oficina, Gabriel la acompañó hasta el ascensor.
Justo antes de que las puertas se cerraran, él le tomó la mano.
—Valentina, hay algo que necesito decirte.
—¿Qué cosa?
Gabriel se inclinó y la besó.
Ella se quedó sorprendida, sin saber cómo reaccionar.
Y justo en ese momento...
¡ALEJANDRO APARECIÓ AL FINAL DEL PASILLO!
Había ido a buscar a su hermano.
Pero encontró a la mujer que le gustaba besándose con él.
—¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO AQUÍ?! —gritó Alejandro.
Gabriel se apartó lentamente.
—Tranquilo, hermano. No sabía que ahora las mujeres te pertenecían.
Alejandro lo agarró por el cuello de la camisa.
—¡Con ella no te metas!
Valentina se interpuso entre ambos.
—¡SUFICIENTE! ¡Yo no soy propiedad de ninguno de los dos!
Los dos hermanos se quedaron mirándola.
Ella respiró profundamente.
—Y para que lo sepan, ninguno de ustedes me tiene enamorada.
Pero cuando entró en el ascensor, se llevó una mano al corazón.
Porque había algo que no quería admitir.
Los dos hermanos le estaban empezando a gustar.
EL SECRETO DE VALENTINA
Esa misma noche, Valentina llegó a su casa y encontró a su madre llorando.
—Mamá, ¿qué pasó?
Su madre levantó la mirada y le entregó un sobre antiguo.
—Ha llegado el momento de que conozcas la verdad sobre tu padre.
Valentina abrió el sobre.
Dentro había una fotografía de un hombre elegante junto a una mujer joven.
Al reverso de la foto había una frase escrita a mano:
«Perdóname por abandonarte. Algún día sabrás por qué tuve que hacerlo».
Valentina reconoció inmediatamente al hombre.
Era Esteban Castillo.
El padre de Alejandro y Gabriel.
El poderoso empresario que había construido una de las mayores fortunas del país.
Valentina sintió que el mundo se le venía encima.
—Mamá... ¿qué significa esto?
Su madre comenzó a llorar desconsoladamente.
—Tu padre es un Castillo, hija.
Valentina negó con la cabeza.
—No. Eso no puede ser verdad.
—Lo es.
—¿Y Alejandro? ¿Y Gabriel?
Su madre no respondió.
No hacía falta.
Valentina dejó caer la fotografía.
Si aquella historia era cierta, su amor por Alejandro podría convertirse en un escándalo familiar.
Y su relación con Gabriel sería todavía más complicada.
Pero lo peor estaba por llegar.
Porque, al otro lado de la ciudad, Isabella acababa de recibir un mensaje.
«Confirmado. Valentina Reyes es hija de Esteban Castillo. Hay documentos que lo demuestran».
Isabella sonrió.
—Perfecto. Ahora sí voy a destruirla.
Y tomó su teléfono para hacer una llamada.
—Quiero que mañana todos los medios de comunicación conozcan el secreto de los Castillo.
CAPÍTULO 3: UNA NOCHE, DOS CORAZONES Y UN SECRETO 🤰
EL MILLONARIO BAJO LA LLUVIA
Eran las once y media de la noche.
Valentina estaba sentada en su cama, llorando mientras miraba la fotografía de Esteban Castillo.
No podía creer que su vida fuera una mentira.
Su padre era millonario. Sus hermanos, Alejandro y Gabriel, pertenecían a una de las familias más poderosas del país.
Y ella, que había luchado tanto para construir su propio futuro, acababa de descubrir que su historia estaba conectada con la de ellos.
De repente, escuchó unos golpes en la puerta.
—¡Valentina! ¡Abre, por favor!
Reconoció aquella voz inmediatamente.
Alejandro.
Se secó las lágrimas y abrió.
Él estaba empapado por la lluvia, con el cabello mojado y una expresión que jamás había visto en su rostro.
—¿Qué haces aquí? —preguntó ella.
—Necesitaba verte.
—Pues ya me viste. Buenas noches.
Intentó cerrar la puerta, pero Alejandro habló antes de que pudiera hacerlo.
—Me estoy volviendo loco por ti.
Valentina se quedó inmóvil.
—No digas tonterías.
—No son tonterías. Desde que te conocí, no puedo dejar de pensar en ti. Me molesta imaginarte con otro hombre. Me despierto pensando en ti y me acuesto pensando en ti.
—¿Y qué quieres que haga con eso, Alejandro? ¡Tú tienes prometida!
Él bajó la mirada.
—No la amo.
—¡Pues déjala!
Alejandro guardó silencio.
Valentina sintió que el corazón se le rompía un poquito más.
—¿Ves? Eso es lo que pasa contigo. Quieres tenerlo todo, pero no estás dispuesto a perder nada.
Intentó cerrar la puerta otra vez.
Esta vez, Alejandro no la detuvo.
Simplemente dijo:
—Tienes razón. Y voy a cambiarlo.
Se dio la vuelta para marcharse.
Pero Valentina lo llamó.
—¡Alejandro!
Él se giró.
Ella tenía los ojos llenos de lágrimas.
—¿De verdad sientes algo por mí?
Alejandro se acercó lentamente.
—Más de lo que debería, preciosa.
Valentina lo miró durante unos segundos.
Y entonces hizo algo que llevaba días deseando hacer.
Lo besó.
Alejandro la abrazó con ternura y le devolvió el beso.
Por primera vez, ninguno de los dos habló de dinero, apellidos ni promesas.
Solo existían ellos.
Y aquella noche, después de confesarse sus sentimientos, decidieron darse una oportunidad.
Sin imaginar que, al amanecer, sus vidas serían diferentes para siempre.
LA PROMESA DE ALEJANDRO
A la mañana siguiente, Valentina despertó junto a Alejandro.
Él le acarició suavemente el cabello.
—Buenos días, mi niña bonita.
Ella sonrió tímidamente.
—No te acostumbres a despertarte a mi lado.
—Demasiado tarde.
Valentina soltó una carcajada.
Alejandro se puso serio de repente.
—Voy a terminar mi compromiso con Isabella.
Ella dejó de sonreír.
—No quiero ser la razón por la que destruyas tu vida.
—Tú no estás destruyendo nada. Estoy empezando a entender lo que realmente quiero.
Alejandro le tomó las manos.
—No puedo prometerte que todo será fácil. Mi familia es complicada y hay cosas que todavía no entiendo. Pero sí puedo prometerte que no voy a jugar contigo.
Valentina sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—No me rompas el corazón, Alejandro. Ya he sufrido bastante.
Él le besó la frente.
—Voy a luchar por ti.
Sin embargo, había alguien que no pensaba permitir que aquella historia terminara con un final feliz.
Isabella.
Porque, mientras Alejandro prometía cambiar su vida por amor, ella estaba preparando una venganza.
LA MUJER QUE LO PERDIÓ TODO
En la mansión Castillo, Isabella arrojó una copa contra la pared.
—¡¿Cómo se atreve a dejarme por esa muerta de hambre?!
Su madre intentó tranquilizarla.
—Isabella, cálmate. No puedes perder la cabeza por un hombre.
—¡No es cualquier hombre! ¡Es Alejandro Castillo! ¡El hombre con el que voy a casarme!
—Entonces asegúrate de que tenga una razón para volver contigo.
Isabella levantó lentamente la mirada.
—¿Qué quieres decir?
Su madre sonrió.
—Si esa muchacha representa una amenaza para tu futuro, encuentra algo que la obligue a desaparecer de su vida.
Isabella tomó su teléfono.
—Necesito que me consigas toda la información posible sobre Valentina Reyes.
Hizo una pausa.
—Y quiero saber si hay alguna posibilidad de que esté embarazada.
Lo que Isabella no sabía era que Gabriel Castillo había escuchado la conversación.
Y tenía una prueba capaz de destruirla.
DOS RAYITAS
Pasaron varias semanas.
Valentina comenzó a sentirse extraña.
Tenía náuseas por las mañanas, sueño a todas horas y un cansancio que no podía explicar.
Al principio pensó que era estrés.
Pero una mañana, mientras desayunaba, el olor del café la hizo correr al baño.
Su mejor amiga, Camila, la miró con sospecha.
—Amiga, no quiero asustarte, pero...
—¡Ni se te ocurra decirlo!
—Valentina, ¿cuándo fue tu última menstruación?
Valentina se quedó callada.
Hizo cuentas mentalmente.
Su rostro perdió el color.
—No puede ser.
Camila se levantó de la silla.
—Vamos a comprar una prueba.
Una hora después, las dos estaban encerradas en el baño.
Valentina sostenía la prueba con las manos temblorosas.
—No quiero mirar.
—Amiga, tienes que hacerlo.
Valentina bajó lentamente los ojos.
Dos rayitas.
Positivo.
Se tapó la boca.
—Dios mío...
Camila la abrazó mientras comenzaba a llorar.
—¡Vas a ser mamá!
Valentina no sabía si reír o llorar.
Pensó en Alejandro.
Pensó en su familia.
Pensó en Isabella.
Y, sobre todo, pensó en el futuro de aquel bebé.
—¿Cómo voy a decirle a Alejandro? —susurró.
Su teléfono vibró.
Era un mensaje de él.
«Buenos días, princesa. Te extraño. ¿Nos vemos hoy? Tengo una sorpresa para ti».
Valentina miró la prueba una vez más.
Tenía una decisión que tomar.
¿Le contaría la verdad?
¿O esperaría hasta estar segura de que él realmente la amaba?
LA PEOR NOTICIA
Esa misma tarde, Valentina fue al médico para confirmar el resultado.
Después de realizarle los estudios correspondientes, la doctora sonrió.
—Felicidades, Valentina. Estás embarazada.
Valentina respiró profundamente.
—¿De cuánto tiempo?
La doctora revisó los resultados y le explicó el tiempo estimado del embarazo.
Valentina hizo cuentas.
Sus ojos se abrieron de golpe.
Las fechas no encajaban con la noche que había pasado con Alejandro.
El embarazo había comenzado antes.
Mucho antes.
Su corazón empezó a latir con fuerza.
—Doctora... ¿está segura?
—Según los resultados, sí. Para precisar mejor las fechas, necesitaremos una evaluación obstétrica.
Valentina salió de la consulta completamente confundida.
Porque, antes de aquella noche con Alejandro, había ocurrido algo que ella llevaba semanas intentando olvidar.
Se quedó parada en medio de la acera, con una mano sobre el vientre y lágrimas corriendo por sus mejillas.
—Perdóname, mi bebé —susurró—. Todavía no sé cómo voy a protegerte.
Su teléfono volvió a sonar.
Era Alejandro.
Valentina contestó, intentando controlar su voz.
—Hola.
—Mi amor, tengo una noticia maravillosa. Esta noche quiero presentarte oficialmente ante mi familia.
Ella cerró los ojos.
¿Cómo iba a presentarse ante aquella familia cuando ni siquiera sabía quién era realmente el padre de su bebé?
Y, mientras Valentina intentaba encontrar una respuesta, un automóvil negro se detuvo al otro lado de la calle.
Dentro estaba Gabriel.
Él la había visto salir de la clínica.
Y había reconocido el sobre que llevaba entre las manos.
Gabriel tomó su teléfono y llamó a alguien.
—Necesito que me consigas una prueba de ADN de mi hermano.
Hizo una pausa y miró a Valentina.
—Porque creo que el bebé que espera esa mujer podría cambiarlo todo.
CONTINUARÁ... 💋🥀👑